Estrategias de Control Militar en América Latina por parte de la Administración Trump
La administración de Donald Trump ha mostrado una clara intención de controlar América Latina, considerando la región como su «patio trasero». Esta estrategia se manifiesta a través de diversas formas, como los regímenes títeres en países como Venezuela bajo Delcy Rodríguez, así como las estrechas alianzas políticas, ejemplificadas en el gobierno de Javier Milei en Argentina. Otras tácticas incluyen operaciones militares que imponen los intereses estadounidenses.
Cooperación Militar con Colombia
El Secretario de Defensa, Pete Hegseth, ha llevado este control un paso más allá al anunciar que el nuevo gobierno colombiano, liderado por Abelardo de la Espriella, ha aprobado operaciones de tropas estadounidenses en su territorio. Hegseth también insinuó la posibilidad de una intervención militar en Cuba, sumando a la isla a la lista de naciones latinoamericanas donde Estados Unidos podría operar sin restricciones.
Guadalupe González, analista de El Colegio de México, se refiere a esta situación como un «punto de quiebre». Según ella, la estrategia central de Estados Unidos es restaurar su preeminencia en el hemisferio occidental, convirtiéndolo en su máxima prioridad sobre otras zonas de conflicto globales como Medio Oriente o Europa.
Hegseth expresó que «todas las opciones están sobre la mesa», incluida una intervención militar, y advirtió a Cuba que preste atención a la disposición de Trump para afirmar las prerrogativas estratégicas de Estados Unidos. En el contexto colombiano, esto marca el inicio de una nueva era de colaboración entre Washington y Bogotá, tras la confrontación de la administración anterior con el presidente de izquierda, Gustavo Petro.
La Doctrina Monroe Revisada
La publicación de la Estrategia de Seguridad Nacional en diciembre pasado dejó claro que el objetivo de Estados Unidos es «restaurar su preeminencia» en América. Esta estrategia ha resucitado la Doctrina Monroe del siglo XIX, que enfatiza que «América es para los americanos», o más precisamente, «Las Américas son para Estados Unidos». Esta nueva interpretación ha sido denominada «doctrina Donroe», un juego de palabras entre Donald y Monroe.
Michael Shifter, investigador y ex presidente del Diálogo Interamericano, señala que «los obstáculos para una intervención militar no son legales, sino prácticos», ya que una intervención en Cuba podría desencadenar caos o una ola migratoria masiva. Además, advierte que la agenda de fortalecimiento institucional y defensa de derechos humanos entre EE. UU. y América Latina ha sido completamente desplazada por una estrategia centrada en la seguridad y la lucha contra el narcotráfico.
Resistencia de México y Tensión en el Norte
La presión sobre la región se evidenció en marzo, cuando Stephen Miller, ex jefe de personal adjunto de Trump, comparó a los cárteles operativos en la región con ISIS y Al-Qaeda, sugiriendo una posible intervención militar en México. Sin embargo, la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum ha rechazado cualquier propuesta de incursión militar, subrayando la soberanía de México y recordando la historia de intervenciones pasadas. Sheinbaum enfatiza que México cooperará, pero no aceptará subordinación.
Las palabras de Trump sobre el uso de la fuerza para detener el tráfico de fentanilo han exacerbado la tensión en la relación bilateral. Shifter apunta que las acciones de Trump son indicativas de una tendencia creciente hacia el uso unilateral de fuerza en la región.
Colaboración en Centroamérica
A diferencia de la resistencia mexicana, los países de Centroamérica han mostrado un rápido alineamiento con la doctrina de seguridad de Trump. Luego de la caída de Maduro, la región ha sido reinsertada en la estrategia geopolítica de EE. UU., llevando a países como Guatemala a solicitar asistencia militar y operativa más considerable de Washington.
El presidente de El Salvador, Nayib Bukele, ha emergido como un aliado clave en la estrategia militar pacífica de EE. UU., participando activamente en iniciativas como el ‘Escudo de las Américas’. Por otro lado, en Honduras, el presidente Nasry Asfura prometió reintegrarse a la Coalición Anti-Cárteles y reinstaurar tratados de extradición, mostrando una solidificación de la alineación con Washington.
Mientras tanto, Nicaragua, encabezada por el régimen autoritario de Daniel Ortega y Rosario Murillo, teme convertirse en la siguiente víctima de una intervención directa, por lo que ha optado por una estricta contención del tráfico de drogas. En el contexto de este panorama, Costa Rica y Panamá también siguen las pautas de EE. UU., con Panamá liderando las incautaciones en el continente.
Esta nueva fase en la relación entre Estados Unidos y América Latina se caracteriza por una dinámica de control militar y política de alineación en respuesta a la seguridad y la defensa de intereses estratégicos estadounidenses.