Apenas dos horas después de que Argentina venciera a Inglaterra en la semifinal del Mundial de Fútbol 2026, la imagen de los jugadores celebrando con una bandera que decía “Las Malvinas son argentinas” dominaba las pantallas. En este contexto, el Gobierno de Javier Milei divulgó una nota formal presentada a la embajada del Reino Unido, en la que expresó su “más enérgico rechazo” a la incursión del buque militar HMS Medway en aguas del Atlántico Sur, que son bajo jurisdicción argentina.
La Cancillería argentina hizo público el comunicado en la noche del miércoles, coincidiendo con las celebraciones en las calles de Buenos Aires y otras ciudades tras la victoria del equipo argentino por 2 a 1 frente a Inglaterra. En el comunicado oficial, se denunció que el buque patrulla británico HMS Medway, “ilegalmente destacado en las Islas Malvinas”, realizó movimientos no notificados conforme a los acuerdos bilaterales vigentes, lo que involucró el tránsito por el mar territorial argentino.
El Gobierno argentino rechazó “firmemente esta incursión militar británica” en espacios de su jurisdicción, considerándola parte de una política de actos unilaterales que contradice las resoluciones de las Naciones Unidas. Esta situación se presenta mientras la disputa sobre la soberanía de las Malvinas sigue pendiente de solución.
Argentina sostiene que las Malvinas y otros archipiélagos australes son parte de su territorio. En 1982, durante la dictadura militar argentina, se intentó recuperar las islas por la fuerza, lo que resultó en una guerra concluida con la derrota argentina y la muerte de 649 soldados argentinos y 255 británicos.
Una semana antes del partido, el gobierno de la provincia de Tierra del Fuego, que incluye las Malvinas en su jurisdicción, ya había denunciado la presencia del buque británico. Andrés Dachary, secretario provincial de Malvinas, aseguró que esta situación no era un hecho aislado, sino una nueva manifestación de “la mala fe británica en el Atlántico Sur”. Desde ese momento, las autoridades provinciales y los líderes de la oposición exigieron una queja formal del Ejecutivo nacional. Germán Martínez, jefe del bloque peronista en la Cámara de Diputados, criticó que la Cancillería emitiera el comunicado de protesta solo horas después de la victoria, insinuando que el Gobierno no actuó antes por falta de valentía.
La semifinal del Mundial fue vista en Argentina como un evento que trascendía el ámbito deportivo, poniendo el tema de las Malvinas en el centro del debate. Antes del encuentro, los gobiernos de Argentina y del Reino Unido acordaron que el público no podría ingresar al estadio de Atlanta, EE. UU., con carteles o banderas de contenido político. A pesar de ello, los jugadores de la selección argentina mostraron en pleno partido una bandera creada por hinchas, que reivindicaba la soberanía argentina sobre las islas.
Después de la victoria, Javier Milei celebró el resultado y comentó sobre la bandera exhibida. Manifestó que tales situaciones son parte de la emoción en la cancha y no de la diplomacia. También indicó que, en el peor de los casos, la selección podría enfrentar sanciones económicas y lamentó que “lo de los jugadores es entendible”.
Milei reafirmó su compromiso con la soberanía argentina sobre las Malvinas, afirmando: “Las Malvinas son argentinas, las vamos a recuperar en el plano diplomático”. Sin embargo, esta situación presenta un dilema para el presidente, quien intenta equilibrar el sentimiento nacional sobre las islas con sus posturas personales. Milei, que ha mostrado admiración hacia Margaret Thatcher, la primera ministra británica durante la guerra, defiende igualmente el derecho de autodeterminación de los isleños, afirmando que busca que prefieran ser argentinos. Además, se están preparando los detalles para una posible visita de Milei a Londres en octubre, la primera de un presidente argentino desde 1998.