La Educación Esencial: Un Llamado a Retomar lo Fundamental
¿Qué necesitamos aprender realmente hoy? Esta pregunta se vuelve crucial en un contexto educativo en constante cambio. La semana pasada, asistí a un panel sobre la presentación de Decisiones que cambian la educación, el último libro de Empresarios por la Educación. Este encuentro reunió a expertos comprometidos con el futuro del aprendizaje en Colombia, centrado en temas prioritarios como gobernanza, talento, evaluación y sistemas de información para la educación básica y media.
La Tensión entre el Futuro y lo Esencial
Durante la discusión, un tema recurrente fue la necesidad de proteger nuestro sistema educativo y establecer una arquitectura de decisiones que aborde los problemas estructurales existentes. Sin embargo, emergió una preocupación que no puede ser ignorada: la urgencia por adaptarnos al futuro, con énfasis en competencias tecnológicas y perfiles laborales exigidos por el mercado, mientras los problemas fundamentales siguen sin resolverse. Así se plantea una paradoja: lo que necesitamos para enfrentar los desafíos futuros es lo que no hemos terminado de abordar.
Las Cifras no Mienten
Es evidente que los estudiantes colombianos enfrentan dificultades. Muchos no comprenden lo que leen y presentan problemas al resolver matemáticas básicas. Esta situación no se debe a una falta de habilidad, sino a que los currículos educativos se han saturado con temas y competencias novedosas, descuidando lo esencial. Hemos adoptado un enfoque de «agregar sin resolver». Abordar este rezago no implica retroceder, sino que es un paso necesario para avanzar.
Lecciones del Pasado: El Trivium y el Quadrivium
La educación medieval ofrecía valiosas lecciones que persisten hoy. A través del trivium, se enseñaban tres artes: leer, pensar y comunicar. Posteriormente, el quadrivium incluía aritmética, geometría, música y astronomía. Esta educación integradora resaltaba que el conocimiento no puede dividirse. Sin un uso preciso del lenguaje, el pensamiento es poco claro; y sin claridad, la innovación se ve comprometida. Un ingeniero incapaz de escribir carece de un entendimiento completo.
El Legado de Edgar Morin
Edgar Morin, quien falleció el 29 de mayo a los 104 años, advirtió sobre los peligros de la hiperespecialización. Señaló que se producen expertos brillantes en áreas específicas que carecen de una visión holística del sistema al que pertenecen. La separación del conocimiento para su estudio es útil, pero si no aprendemos a reconectar, el resultado son saberes inconexos.
Pensamiento Complejo: Un Imperativo Actual
Lo que Morin denomina «pensamiento complejo» no es sinónimo de complicación, sino la habilidad de considerar el conjunto, de reconocer que los problemas no conocen fronteras disciplinarias. El conocimiento verdadero requiere contexto y relación. En su obra La mente bien ordenada, Morin diferenciaba entre una mente saturada de información, pero desconectada, y una mente capaz de organizar el saber. Esta inteligencia general es la que nos permite enfrentar lo nuevo y lo incierto.
El Aprendizaje en la Era de la Tecnología
A medida que nos encontramos en medio de una revolución tecnológica, se hace más urgente desarrollar capacidades como el pensamiento crítico, la conexión de ideas y la habilidad de formular preguntas. Esta realidad refleja lo que siempre ha sido esencial y que descuidamos cuando más lo necesitábamos.
Retos y Preguntas Urgentes
La conversación en torno a la educación a menudo se centra en si estamos preparando a los estudiantes para el futuro y la tecnología. Sin embargo, sería pertinente plantear interrogantes más inmediatas: ¿Son capaces nuestros estudiantes de comprender textos complejos? ¿Pueden sostener preguntas sin buscar respuestas rápidas? ¿Pueden dialogar con opiniones diferentes? Sin estas habilidades, cualquier nueva competencia tecnológica será como un edificio sin cimientos.
Un Llamado a la Acción en Educación
Morin nos dejó inacabada una tarea importante. Nos corresponde a nosotros reestructurar la pregunta: no se trata solo de identificar las competencias del futuro, sino de cultivar las capacidades esenciales que aún nos faltan. Irónicamente, esta respuesta tiene más de dos mil años.