Impacto del Terremoto en Caicedonia y Pereira: Historias de Miedo y Desplazamiento
A partir del lunes, cuando un terremoto de magnitud 7,4 sacudió el suroccidente de Colombia, Stella Cifuentes vive con un constante temor al dormir. Con 64 años, ha tenido que recurrir a pastillas para poder conciliar el sueño, ya que su mente se inunda de recuerdos aterradores de esos tres o cuatro minutos que atravesó el 10 de agosto, cuando su apartamento en Caicedonia, un pueblo con 30.000 habitantes cerca de Armenia, tembló con fuerza. Cada noche la angustia la lleva a recordar el abrazo que se dio con su madre de 84 años mientras el temblor azotaba su hogar. «Es muy atemorizante, se me vienen todas esas imágenes como si estuviera viendo una película», comenta Stella.
Condiciones de Vivienda Tras el Terremoto
El edificio en el que reside Stella fue construido hace apenas un año, y aunque la estructura se mantuvo firme, los daños en su interior fueron severos. Desde el terremoto, Stella no ha regresado a pasar la noche en su hogar, esperando la evaluación de expertos que determinen si es seguro regresar. Sin embargo, al visitar su apartamento para recoger objetos personales, el miedo la invade, lo que la lleva a salir rápidamente.
Stella, como muchas personas que han evacuado sus hogares, se encuentra en la casa de un pariente. Aunque ahora vive en un primer piso, lo que le da algo de tranquilidad, todavía siente la necesidad de estar alerta. «Nunca dormía con la puerta del cuarto abierta y ahora no soy capaz de cerrarla, porque pienso que no la voy a poder abrir», confiesa.
Reacciones Psicológicas ante el Desastre
Pamela Londoño, asesora global de salud mental y apoyo psicosocial de Project HOPE, explica que el comportamiento de hipervigilancia que se observa en los residentes afectados se debe a un estado de estrés agudo. Este estado de alerta los impulsa a sentirse preparados para reaccionar a un posible nuevo temblor. «Las personas experimentan reviviscencias, como si estuvieran viviendo el evento de nuevo; la situación ya pasó, pero la respuesta de estrés no se apacigua», detalla.
Hasta el momento, más de 280 personas han perdido la vida a causa del sismo, y las secuelas psicológicas continúan afectando a los sobrevivientes.
Testimonio de Bachir Carrillo
Otro afectado es Bachir Carrillo, de 42 años, quien reside en Cali, una de las ciudades más devastadas por el terremoto. Aunque su edificación ha sido declarada habitable, su confianza en la seguridad de su hogar es escasa. «Ya yo le cogí miedo a vivir en un edificio», aseguró. A pesar de que su apartamento se encuentra en un segundo piso, no ha podido dormir allí desde el día del sismo. Prefiere bajarse a la zona verde de su unidad para pasar la noche con sus vecinos, buscando la seguridad que siente que le falta en su hogar.
Bachir está constantemente atento a las grietas en su apartamento, lo que lo deja en un estado de ansiedad permanente. Este fin de semana, a pesar de tener que visitar a su hijo, prefirió no hacerlo hasta que se mudara a un lugar más seguro.
La Tragedia de Mateo Yepes
Mateo Yepes, de 30 años, también ha sido víctima de esta tragedia. El día del terremoto, se encontraba en su apartamento al quinto piso en Pereira, conversando con su madre. El temblor hizo que la edificación colapsara, aprisionándolo junto a su madre, quien salió ilesa, mientras que él sufrió una fractura en el fémur y en una mano. Actualmente, Mateo está hospitalizado en Manizales, donde no puede encontrar paz. Los recuerdos del desastre lo han llevado a experimentar un estado de ansiedad constante, evitando descansar por temor a otro sismo.
El apartamento donde vivía Mateo, adquirido por sus padres hace 30 años, quedó reducido a escombros. Su familia ha iniciado una colecta para ayudar en la reconstrucción, aunque aún no tienen información sobre las ayudas oficiales. En medio de su recuperación, Mateo busca a su gata, que se perdió durante el colapso del edificio.
El terremoto ha dejado cicatrices profundas en la vida de estos colombianos, quienes enfrentan no solo los daños físicos y materiales, sino también las secuelas emocionales de una tragedia que transformará sus vidas para siempre.