Gonzalo Celorio, escritor mexicano de 78 años, recibió el pasado jueves el premio Cervantes en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares, un galardón otorgado por el Ministerio de Cultura de España. Durante su discurso, Celorio evocó la promesa que su padre le hizo en su lecho de muerte: “Tú llegarás, hijo. Si no puedes, yo te empujo”. Esta frase, que resonó con fuerza en el acto, simboliza su llegada a un importante momento de su carrera literaria, 64 años después de aquella conversación.
Durante su intervención, Celorio dedicó gran parte de su discurso al Quijote y a su autor, Miguel de Cervantes Saavedra. El escritor mexicano defendió la relevancia de la literatura del yo, argumentando que esta no es exclusiva de la poesía lírica, sino que puede encontrarse en géneros como la novela, el ensayo y la crónica. Celorio abogó por lo que él llama “promiscuidad” literaria, comparando su enfoque con el de Cervantes, quien desdibujó las fronteras entre géneros literarios. “El canon cervantino es un acto de insubordinación a todo canon”, destacó, afirmando que la novela es un género que puede ser tanto literario como “libertario”.
El concepto de libertad, ampliamente discutido en la obra de Cervantes, fue otro de los puntos que abordó Celorio. Recordó que Cervantes valoraba la libertad desde su experiencia personal tras haber estado preso en Argel durante cinco años. Para el escritor mexicano, esta libertad es prioritaria incluso sobre la justicia, tema que también toca el autor español.
Celorio también se refirió a la relación entre México y España, enfatizando que la identidad mexicana no puede desvincularse de la herencia cultural española. “Sin la lengua española, ni México ni otro país hispanoamericano podría haber configurado su identidad”, afirmó. En este contexto, mencionó la influencia recíproca de autores latinoamericanos en la literatura española y cómo este diálogo ha enriquecido ambos mundos.
En su trayectoria literaria, Celorio ha explorado temas de familia, amor, migración y exilio en obras como Amor propio, Tres lindas cubanas y El metal y la escoria, entre otras. En estos relatos, ha incorporado episodios históricos que han moldeado su percepción del mundo, como la Guerra Civil Española y diversas revoluciones en América Latina.
El proceso para conocer su propia historia, según Celorio, implicó una profunda indagación en la memoria familiar, explorando archivos, fotografías y correspondencia. De esta búsqueda surgieron historias ocultas, las cuales transformó en material literario, a menudo liberándose de las exigencias de la veracidad histórica para dar paso a la imaginación.
Celorio compartió anécdotas íntimas sobre su familia, como las cartas diarias que su padre le enviaba a su madre, reafirmando el poder del amor en su hogar. Relató también el sacrificio de su madre, quien prometió no leer novelas durante cinco años si su hijo sobrevivía a una grave enfermedad, un acontecimiento que marcó su vida familiar.
Durante la ceremonia, el ministro de Cultura, Ernest Urtasun, resaltó la influencia del exilio republicano español en la formación intelectual de Celorio y la importancia de la universidad pública, a la cual calificó como el “mayor tesoro” de la sociedad. Además, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, estuvo presente en un contexto reciente de polémica sobre la financiación de la educación superior en la región.
El rey Felipe VI, al entregar el premio, subrayó la riqueza de la literatura mexicana y su lugar en el ámbito hispánico. Recordó hitos importantes de la literatura latinoamericana y cómo la lengua compartida fortalece los lazos culturales entre España y México. Finalmente, Celorio cerró su discurso reflexionando sobre su vida dedicada a las letras y su legado como profesor y académico en la Universidad Autónoma de México, resaltando su amor por la palabra.