La transformación de un joven con síndrome de Tourette gracias a la estimulación cerebral profunda
La vida de Josep (nombre ficticio), un joven de 21 años, estuvo marcada por el síndrome de Tourette, un trastorno neurológico debilitante que le dificultaba llevar a cabo actividades cotidianas. Hasta hace poco más de un año y medio, sufría de intensos tics motores y vocales, lo que le impedía salir de casa y socializar. «Estar en un lugar público me generaba mucha tensión», señala Josep, quien temía que sus tics pudieran provocar reacciones negativas de los demás.
Tratamiento en el Hospital de Sant Pau
Ante la gravedad de su situación y la falta de eficacia de los medicamentos, en el Hospital de Sant Pau en Barcelona le ofrecieron una opción innovadora: la estimulación cerebral profunda. Esta técnica implica la colocación de electrodos en áreas específicas del cerebro para enviar impulsos eléctricos, normalizando así los circuitos alterados. Tras 18 meses de haber decidido someterse a esta intervención, el cambio en la vida de Josep es notable.
“Poco a poco, noté que los tics más intensos y la coprolalia empezaron a disminuir. Ahora puedo llevar una vida casi normal: estudio, salgo con amigos”, comenta Josep con una sonrisa. Aunque todavía presenta algún tic, ha aprendido a manejarlo y su calidad de vida ha mejorado significativamente.
Entendiendo el síndrome de Tourette
El síndrome de Tourette afecta a la población desde la infancia, presentándose principalmente a partir de los seis años con tics leves que pueden evolucionar a formas más complejas. Según el Dr. Javier Pagonabarraga, responsable de la Unidad Funcional de Tics del Hospital de Sant Pau, alrededor del 10-15% de los pacientes presentan coprolalia, es decir, la emisión involuntaria de palabras inapropiadas. Además, la presencia de tics intensos puede verse acompañada de trastornos como el TDAH, ansiedad o depresión.
El impacto social y emocional del síndrome es considerable. Josep menciona que, a pesar de contar con una sólida red de apoyo familiar y amistades, vivió en constante tensión por el temor a que sus tics fueran motivo de burla o rechazo. «Me afectaba a la autoestima», confiesa.
La técnica de la estimulación cerebral profunda
El Hospital de Sant Pau tiene 25 años de experiencia en neuromodulación, habiendo realizado con éxito esta intervención en casos severos de Tourette. La tasa de respuesta es del 70%, lo que significa que muchos pacientes experimentan una notable reducción de sus síntomas. La intervención implica la colocación de dos electrodos en el cerebro, conectados a una batería similar a un marcapasos. Este procedimiento es considerado seguro y mínimamente invasivo, con efectos reversibles.
El objetivo de la estimulación cerebral profunda en pacientes con Tourette es normalizar las funciones de circuitos cerebrales mal funcionando, en particular, el globo pálido. Esto lleva a una mejora de los tics y también impacta en el comportamiento y la cognición de manera más general.
Evolución de Josep tras la intervención
A pesar de que los efectos de la intervención no son inmediatos, en el caso de Josep, la mejora ha sido gradual. “Los síntomas seguían después de la cirugía, pero a partir de la tercera semana noté la reducción de los tics motores. Las conductas disruptivas comenzaron a disminuir después de tres o cuatro meses”, relata el Dr. Ignacio Aracil, neurólogo del Sant Pau.
Hoy, Josep reconoce que le quedan algunos tics leves, pero ha desarrollado estrategias para manejar la situación. Ha regresado a la vida académica y social, con aspiraciones de estudiar Psicología y especializarse en el tratamiento del síndrome de Tourette. “Con mi experiencia, creo que puedo ayudar a otras personas”, concluye con optimismo.