Detenidos 61 por incitar a la migración ilegal a Ceuta

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Migrantes Refugiados en una Iglesia de Nador

A solo 16 kilómetros de Melilla, en la ciudad de Nador, Marruecos, se esconde una realidad inquietante: los migrantes subsaharianos, que buscan cruzar a Europa, están presentes pero no visibles. A pesar de ser la principal ciudad de la región, con una población de 158,000 habitantes, los migrantes evitan mostrarse en las calles. Una de las pocas áreas donde se les puede encontrar es en la iglesia católica de Santiago el Mayor, que, aunque cerrada, alberga en una sala anexa a seis mujeres que están aprendiendo a leer y escribir en francés. Algunas de ellas tienen bebés a su lado y manifiestan su miedo ante la presencia de la prensa.

Una religiosa francesa, que actúa como maestra en este espacio de aprendizaje, destaca la vulnerabilidad de estas mujeres: «Están en absoluto peligro. Una simple foto puede ponerlas en riesgo». Explica que muchas de las migrantes requieren atención médica por heridas y también asisten a mujeres que han dado a luz o están a punto de hacerlo en condiciones insalubres. Reporta que numerosas mujeres han sido víctimas de trata y necesitan urgentemente protección.

La situación en Nador no es ajena al reciente salto de más de 1,300 personas hacia Melilla el 30 de julio. Este mes, el servicio diocesano ha atendido a 18 senegaleses que formaron parte de un grupo más grande que intentó alcanzar la frontera española, pero que fue impedido por las fuerzas marroquíes. Algunos de estos migrantes llegaron heridos y desnutridos.

La mayoría de los migrantes que reciben atención en la iglesia viven en condiciones precarias, alojados en pequeños apartamentos en Nador, que la religiosa describe como «totalmente insalubres y miserables». Además, ya no quedan personas viviendo en los bosques, espacios que en el pasado eran habituales en la zona migratoria. «La policía no permite campamentos,» asegura.

Desde hace años, la parroquia de Santiago el Mayor ofrece servicios a migrantes, brindando atención médica, acompañamiento psicológico y apoyo en trámites de asilo. Entre sus beneficiarios se encuentran personas de varios países de África subsahariana, así como palestinos que también buscan refugio.

Sin embargo, fuera de la iglesia, la presencia de migrantes es difícil de percibir. Tafik, un anciano de 78 años que habla español con fluidez, observa desde una cafetería en Nador. Estudió en la Escuela de Bellas Artes de Sevilla y sigue con preocupación la situación en Ceuta y Melilla. «Ahora la cosa está bastante tranquila», afirma, reflejando un cambio en el ambiente de la ciudad.

La tranquilidad en Nador contrasta al acercarse a Beni Enzar, donde la presencia policial es palpable. La carretera está controlada por vehículos de seguridad y policías de paisano, y en el área de Beni Enzar, se nota la ausencia de los niños que solían vender chicles en la calle, bajo la sombra de la valla española.

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