América Reaccionaria: El Laboratorio Global de la Derecha

América Reaccionaria: El Laboratorio Global de la Derecha

Nueva Derecha en América: Un Mapa de Reacción y Nostalgia

La transformación de El Salvador bajo Nayib Bukele ha convertido al país en un escaparate global de seguridad pública. Sin embargo, esta estrategia ha sido implementada a costa de socavar instituciones y aprovechar su popularidad para consolidar su poder, que obtuvo por primera vez en 2019. En Argentina, Javier Milei ha irrumpido en la Casa Rosada con un estilo provocador que parece un cortacésped imaginario. Por su parte, en Colombia, el abogado de narcotraficantes, Abelardo de la Espriella, ha tomado la presidencia desde el 7 de agosto, basando su plataforma política en la provocación y una confrontación directa con el progresismo.

Un Mapa Emergente en las Américas

Aunque cada uno de estos escenarios puede parecer aislado, juntos comienzan a trazar un mapa de lo que sucede en el continente. Este mapa, durante los primeros 25 años del siglo XXI, había sido interpretado como un péndulo que oscilaba entre la izquierda y la derecha. Sin embargo, este análisis puede no ser suficiente para describir los cambios actuales, donde no solo cambia el color de los gobiernos, sino también su naturaleza.

El académico peruano Alberto Vergara sugiere que deberíamos hablar en cambio de unas Américas reactivas. Según él, este término evita el interminable debate sobre si cada nuevo candidato debe ser clasificado como conservador, populista o de extrema derecha. La nueva derecha no busca solo reformas más conservadoras, sino que reacciona contra las aperturas civil, política y social que caracterizaron las transiciones democráticas de las últimas décadas.

Derecha Moderna y Crítica Histórica

La derecha latinoamericana de los años 90 prometía dejar atrás el pasado, enfocándose en la privatización, la disciplina fiscal y el progreso. Esa generación de conservadores creía que el populismo debía superarse, reduciendo la política a una gestión racional de la economía. No obstante, la nueva derecha en las Américas está mirando hacia otra dirección. Si bien no ha abandonado completamente el liberalismo económico, ya no considera que el mercado sea suficiente para construir una identidad política.

Un reciente trabajo académico de Vergara y la historiadora Camila Perochena ejemplifica este cambio a través de la restauración de la estatua de Francisco Pizarro en la Plaza Mayor de Lima, que había sido retirada en 2003 en un intento de representar una sociedad más diversa. Dos décadas después, otro alcalde del mismo partido ordenó su retorno en una ceremonia que no solo restauró un monumento, sino que también planteó una batalla por el significado de la historia.

Reacción Cultural en América Latina

El regreso de Pizarro no es un simple anécdota peruana. En Argentina, el gobierno de Milei restableció el Día de la Raza, presentando la llegada de Colón como el inicio de la civilización. En Brasil, Jair Bolsonaro defendió abiertamente la dictadura militar y utilizó sus símbolos como herramientas de identidad política. A pesar de que José Antonio Kast ha tenido que moderar su relación con el pinochetismo, proviene de esa tradición. En Perú, se está rehabilitando el legado de Alberto Fujimori en medio de una fuerte defensa de valores católicos y hispánicos contra lo que la derecha tilda como marxismo cultural.

A pesar de las diferencias nacionales, todos estos movimientos comparten un impulso común: cuestionar quiénes pertenecen realmente a la comunidad política y qué grupos han adquirido demasiada influencia o derechos.

Frustraciones Actuales y Contexto Histórico

El uso de la nostalgía por parte de la nueva derecha no se basa únicamente en una interpretación atractiva del pasado, sino también en las fracturas del presente. América Latina enfrenta frustraciones profundas: desigualdad, inseguridad, corrupción y desconfianza hacia las instituciones. Este descontento popular ha comenzado a afectar a las fuerzas políticas que estuvieron en el poder durante las últimas décadas, impulsadas por movimientos progresistas.

Manuel Canelas, politólogo boliviano, señala que es necesario aceptar que hay un pueblo de derecha en la región. La aceptación de esta realidad podría significar que la percepción de que todo fue un mal sueño ya no es efectiva. A su vez, Pablo Stefanoni destaca que la extrema derecha, aunque variada, opera como una comunidad emocional que une a figuras como Bukele, Milei y Kast bajo una narrativa común contra el progresismo.

Desafíos y Respuestas en la Política Actual

La nueva narrativa reaccionaria no ha formado un consenso tan fuerte como el que existía en torno a las economías de mercado en los años 90. En cada país, responde a diferentes preocupaciones: la inseguridad pública es clave en Ecuador y Colombia, mientras que la economía y la migración dominan en Argentina y Chile. Antonio Gutiérrez-Rubí identifica un hilo común en la promesa de recuperar el control, ya sea sobre las fronteras o la economía.

La seguridad ha pasado a ocupar un lugar central en la lucha política en toda América. La expansión del crimen organizado y la incapacidad de los gobiernos para controlarlo han generado miedo en la población. La reacción hacia esta situación, aunque no inventada por la derecha radical, se manifiesta en políticas visibles como mega-prisiones y operaciones de seguridad. Este enfoque proporciona gratificaciones simbólicas inmediatas.

Stefanoni lo describe como el “marketing de la crueldad”; el mega-prisión de Bukele no se limita a ser un establecimiento correccional, sino que se ha convertido en un símbolo político con un impacto que va más allá de El Salvador.

Retos para la Izquierda y la Sociedad Actual

La izquierda también tiene su parte de responsabilidad en el ascenso de las fuerzas reaccionarias. Tras monopolizar el lenguaje del cambio durante décadas, comenzó a ser percibida como una nueva elite. Las políticas redistributivas asociadas con el auge de las materias primas mejoraron las vidas de muchos, pero no lograron transformar estados débiles ni economías informales. Además, los declives de algunos líderes han sido drásticos, con figuras como Nicolás Maduro en prisión y otros en el exilio.

Este fenómeno de reacción no surgió fuera del sistema que critica; en gran medida, fue incubado por él. Gobiernos progresistas que abrazaron políticas autoritarias contribuyeron a legitimizar tácticas extremas para sus oponentes. La polarización y el desprecio por el pluralismo han facilitado la creación de un movimiento de derecha dispuesto a jugar con mayor agresividad.

Un Mundo Global de Ideas Reaccionarias

En la actualidad, las ideas reaccionarias se propagan a gran velocidad, alimentadas por foros digitales, influenciadores y plataformas que transforman temas locales en capítulos de una guerra cultural global. Stefanoni describe un «gran supermercado global de argumentos reaccionarios,» donde cada líder elige las preocupaciones que mejor resuenan con su audiencia. Aunque algunos temas universales son adoptados, otros son adaptados o ignorados según el contexto local.

Finalmente, los líderes de hoy están más conectados como celebridades que como caudillos tradicionales. La infraestructura de la política de fuertes líderes ha cambiado con el auge de las plataformas digitales, donde la conexión pasa a ser indirecta.

Aunque la nueva derecha muestra una notable habilidad para ganar elecciones, aún enfrenta el desafío de abordar los problemas que llevaron a su ascenso. América Latina sigue en búsqueda de su futuro, ahora siguiendo un camino que intenta retornar a un orden pasado, uno que aún no ha demostrado poder gobernar eficazmente.

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