En Colombia, el origen familiar, el territorio de nacimiento y la pertenencia étnica siguen siendo factores determinantes en las oportunidades de vida de sus ciudadanos. Esta alarmante realidad se detalla en el capítulo Equidad en la diversidad del libro Colombia 2050: 65 voces para construir hoy el país del futuro, editado por Fernando Carrillo y Andrée Viana, publicado por Penguin Random House.
Desigualdades Persistentes Tres Décadas Después
A pesar de los avances en educación, la reducción de la pobreza y el crecimiento económico en las últimas tres décadas, las desigualdades inherentes al lugar de nacimiento no se han erradicado. La Constitución de 1991 estableció el mandato de una igualdad real y efectiva, pero el contexto actual revela que las circunstancias de nacimiento pesaron, y siguen pesando, considerablemente en el futuro de millones de colombianos.
Desafiando Narrativas Comunes
Este hallazgo pone en entredicho una de las creencias más comunes: que el esfuerzo individual es suficiente para garantizar la movilidad social. Cuando el lugar de nacimiento predice en gran medida las oportunidades futuras de una persona, el problema se encuentra en estructuras históricas y en instituciones que distribuyen oportunidades de manera desigual, no en las decisiones individuales.
Desempeño del Grupo Afrodescendiente
Los datos son reveladores. En el ámbito del Objetivo de Desarrollo Sostenible de paz, justicia e instituciones sólidas, la población afrodescendiente alcanza un promedio de 54,83 puntos, en comparación con 71,18 de quienes no se identifican con ningún grupo étnico. Esta brecha de más de 16 puntos pone de manifiesto las profundas desigualdades en el acceso a instituciones y mecanismos de justicia.
Un Legado de Desigualdad
No se trata de una falla coyuntural, sino del resultado acumulado de una historia que ha expandido derechos formales sin redistribuir el acceso al poder y a las oportunidades. Aunque la diversidad ha sido reconocida en el discurso constitucional, este reconocimiento no se ha traducido en mejoras efectivas en el bienestar de amplios sectores de la población.
Equidad y Futuro Electoral
La discusión sobre la equidad, especialmente en este contexto electoral y en los años venideros, debe tener en cuenta que ésta es crucial para transformar la igualdad de una declaración jurídica en una realidad cotidiana. En lugares con desigualdades históricas, la neutralidad institucional no corrige las diferencias; las perpetúa.
Orientando la Visión del País hacia 2050
La pregunta que debemos hacernos al mirar hacia 2026 y 2050 es: ¿queremos que el código postal de nacimiento siga determinando las posibilidades de progreso de una persona? Si la respuesta es negativa, la equidad necesita ser un principio fundamental en la política pública y en las decisiones fiscales, educativas y territoriales.
Al igual que valoramos el crecimiento económico como un indicador de éxito nacional, debemos medir la reducción de la influencia de las circunstancias de nacimiento en el destino de los ciudadanos. Solo cuando el origen deje de predecir el futuro, podremos asegurar que la promesa de igualdad consagrada en la Constitución comienza a cumplirse.