Búsquedas Incansables en la Laguna de La Habana
En una despejada y calurosa orilla de la Laguna de La Habana, ubicada a unos 40 kilómetros al sur de Ciudad de México, se realizan intensas labores de búsqueda. Un grupo de madres y familiares buscan desesperadamente los restos de sus seres queridos desaparecidos. Este proceso comienza con montones de tierra que se calientan al sol para eliminar la humedad, con la esperanza de hallar los restos de personas que se suman a la alarmante cifra de más de 130.000 desaparecidos en México.
Restos Óseos en Tláhuac
En una de las fosas comunes de Tláhuac, en apenas tres semanas se han encontrado más de 1.400 restos óseos humanos. Mediante análisis de ADN, se espera determinar si estos restos pertenecen a alguno de los desaparecidos. Este esfuerzo es parte de un movimiento más amplio donde colectivos de búsqueda, compuestos en su mayoría por familiares, buscan visibilizar la tragedia nacional y exigir justicia en un país marcado por la impunidad.
Jacqueline Palmeros, fundadora del colectivo “Una luz en el camino”, expresa la transformación que sufren estas madres al convertirse en buscadoras: “Sin querer, nos volvemos abogadas, policías, antropólogas, psicólogas… Aprendes a caminar la tierra, a buscar en lugares que no imaginas”.
La Desaparición de Montserrat Uribe
Palmeros es madre de Montserrat Uribe, quien desapareció en Ciudad de México el 24 de julio de 2020 mientras se dirigía a una entrevista de trabajo. Su búsqueda ha sido exhaustiva, recorriendo 23 estados y adentrándose en zonas de riesgo. La búsqueda de su hija ha exigido de su parte un arduo esfuerzo, dado que las autoridades no tomaron en serio sus reportes.
Después de localizar restos en un barranco, Jacqueline halló parte de lo que quedaba de su hija: “Un cráneo, una mandíbula y dos vértebras”. La búsqueda de la verdad, asegura, no se detendrá: “Quiero encontrar lo demás. Yo parí una hija completa, no un cráneo”.
Acciones y Reacciones ante la Crisis de Desapariciones
Las plazas de diferentes ciudades mexicanas están adornadas con carteles que buscan visibilizar a los desaparecidos. En la última semana, este tema ha cobrado relevancia mediática gracias a la visita del Alto Comisionado de Derechos Humanos de la ONU, Volker Türk, quien se reunió con los colectivos de búsqueda y autoridades en la Ciudad de México. Su visita surge después de que el Comité de Naciones Unidas contra la Desaparición Forzada solicitara a la Asamblea General de la ONU un análisis de la crisis de desapariciones en el país.
A pesar de la gravedad del informe presentado, la administración de Claudia Sheinbaum rechazó las acusaciones, enfatizando que resultaban «tendenciosas» y que no reflejaban los esfuerzos realizados desde que asumió el cargo en octubre de 2024. La incertidumbre en torno al proceso de búsqueda persiste, con algunas familias esperando más de tres décadas sin respuestas.
Historias de Búsqueda
Guadalupe Fernández Ruiz, parte del colectivo Mariposas, cuenta la historia de su padre, quien fue visto por última vez a los 62 años al ir a cobrar un finiquito. Las autoridades no respondieron con prontitud y tardaron dos años y medio en investigar, a pesar de las evidencias. “La esperanza nunca se pierde”, agrega, mientras celebra los hallazgos de otros, aunque su lucha por saber el destino de su padre continúa.
El Contexto de las Búsquedas
Las carpas blancas que resguardan a los buscadores también están bajo la vigilancia de la Guardia Nacional. A pesar de contar con cierta infraestructura y apoyo, muchas veces aún es complicado convencer a las autoridades de investigar en base a la información proporcionada por las familias. La localización de cuerpos en la Laguna de La Habana ha revelado la dificultad del contexto en que se realizan estas búsquedas, donde el crimen organizado y la complicidad estatal juegan un papel clave.
La realidad es cruda: 27 buscadoras han sido asesinadas y tres se encuentran desaparecidas, lo que ha llevado a muchas a vivir en situaciones de desplazamiento forzado. Marite Valadez, miembro de «Las Guerreras de Sonora», ha enfrentado amenazas constantes; su activismo le ha costado más que amigos y familiares. “Hasta la misma sociedad piensa que somos las locas de las palas”, dice, visibilizando el estigma que enfrentan quienes buscan a sus seres queridos en un entorno hostil.
En medio de esta lucha, Jacqueline Palmeros sigue adelante, no solo en la búsqueda de su hija, sino también buscando justicia en un mar de burocracia y desinterés gubernamental. La labor de estos colectivos representa la esperanza y la resistencia frente a una de las crisis más devastadoras en la historia contemporánea de México.