El futuro descanso del padre Camilo Torres Restrepo, un deseo anhelado durante seis décadas desde su muerte, sigue sin concretarse. La ceremonia de inhumación prevista para este domingo en la capilla Cristo Maestro de la Universidad Nacional de Colombia, en Bogotá, coincide con el 60° aniversario de la muerte en combate del sacerdote como guerrillero del ELN. Sin embargo, este acto simbólico podría llevarse a cabo sin la presencia de los restos del religioso debido a la falta de un dictamen crucial del Instituto de Medicina Legal.
Complicaciones en la identificación de los restos
La entrega del cuerpo de este icónico sacerdote colombiano ha sido tan compleja como el enigma que ha rodeado su desaparición por más de 50 años. Recientemente, se encontraron restos óseos en el panteón militar del Cementerio Municipal de Bucaramanga tras un extenso proceso forense. Estos restos, hallados cubiertos de formol, han sido confirmados como pertenecientes a Torres Restrepo por tres laboratorios forenses, uno de ellos en Estados Unidos. A pesar de ello, el Instituto de Medicina Legal aún no ha emitido su dictamen definitivo debido a la contaminación del ADN por el formol, lo que ha dificultado la examinación adecuada de las muestras.
Medicina Legal, como entidad oficial en Colombia para estos casos, enfrenta dificultades con la muestra genética, ya que la tecnología disponible ha resultado insuficiente para analizarla. La falta de un dictamen oficial se ha convertido en un obstáculo para la entrega de los restos, complicando un proceso ya lleno de expectativas y significados.
Restos confirmados pero en espera de sepultura
La Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD) ha confirmado que los restos corresponden a Camilo Torres, no solo mediante análisis de ADN, sino también a través de pruebas antropométricas realizadas por expertos. Estos análisis han permitido elaborar un perfil biológico que indica que los restos corresponden a un individuo de características específicas y a la estatura que tenía Torres, lo que ha llevado a su identificación.
El proceso de identificación fue confiado a la UBPD, quienes informaron a la familia del sacerdote que su identidad había sido plenamente establecida. Sin embargo, el sector público se ha visto agitado; el Ejército de Liberación Nacional (ELN) lanzó un comunicado celebrando el hallazgo, complicando aún más el panorama entorno a la figura del sacerdote guerrillero.
Controversia en el destino final
La familia de Torres y el sacerdote jesuita Javier Giraldo han manifestado su desacuerdo con que el ELN se apropie de la figura de Torres y sus restos. Han reclamado que el destino de su cuerpo debe reflejar su legado académico y humano, solicitando que sea enterrado en la Universidad Nacional de Colombia, donde impartió clases y construyó gran parte de su vida pública antes de unirse a la guerrilla.
La ceremonia de inhumación del domingo está cargada de simbolismos, dado que Torres fue el primer capellán del templo católico de la universidad, en el que cada año se celebra una misa en su honor. Sin embargo, la noticia de la adecuada preparación del osario para recibir los restos ha desatado un revuelo, transformando lo que debería ser un acto íntimo en un evento de gran escala.
Riesgos de seguridad y resistencias políticas
Un correo enviado por la Universidad Nacional de Colombia el 10 de febrero convocando a la ceremonia ha intensificado el interés público y generado un descontento en ciertos sectores. Alumnos y profesores han comenzado a recolectar firmas para revertir la decisión de que la universidad albergue los restos. Algunos políticos, especialmente de derecha, han criticado abiertamente la intención de homenajear a Torres, quien fue cofundador de la primera facultad de Sociología en América Latina en esa misma institución.
La controversia no solo refleja un desacuerdo sobre el destino final de los restos, sino que también resalta los riesgos de seguridad asociados con la visibilidad pública de un acto que originalmente se pensó como discreto. A pesar de que se han hallado los restos, el destino final del padre Camilo Torres Restrepo sigue estando en un limbo simbólico, atrapado entre narrativas en conflicto y tensiones políticas en un contexto marcado por el conflicto armado colombiano.