El populismo en crisis: un análisis de su desbordante realidad

El populismo en crisis: un análisis de su desbordante realidad

Desde hace aproximadamente veinticinco años, la investigación en ciencias sociales ha centrado su atención en el concepto de populismo, un fenómeno que, aunque no es nuevo, ha cobrado relevancia en el contexto actual. Este fenómeno se caracteriza por la división entre una élite y un pueblo que tiende a unificarse en su oposición a los que detentan el poder. La era contemporánea ha visto un aumento en la aparición de gobiernos dirigidos por líderes populistas y partidos que han reforzado la importancia de este concepto. La investigación ha revelado que, a diferencia de ideologías complejas, el populismo se articula a partir de ideas simples y coherentes. Sin embargo, persiste la pregunta de si el populismo necesita de liderazgos carismáticos, un término que deriva de la teoría weberiana y que presenta dificultades para su aplicación en análisis políticos.

Este marco conceptual del populismo ha funcionado durante mucho tiempo, hasta que emergió el término iliberalismo, acuñado por Fareed Zakaria en 1997 en la revista Foreign Affairs. Aunque su impacto no ha sido tan amplio como el del populismo, en la última década el iliberalismo ha encontrado su espacio en el análisis político, en gran parte gracias a figuras como Viktor Orbán, quien ha promovido la idea de una “democracia iliberal”. Esto sugiere que los fenómenos que antes se abordaban exclusivamente desde el populismo pueden ser mejor comprendidos a través de la lente del iliberalismo, que implica un enfoque más matizado sobre las prácticas de gobierno y la retórica política.

La relevancia del iliberalismo ha sido corroborada por publicaciones académicas recientes, como el Routledge Handbook of Iliberalism (2021) y el Oxford Handbook of Illiberalism (2023), que suman más de 2100 páginas de estudios exhaustivos sobre este tema.

No obstante, la transición del análisis político del populismo al iliberalismo tiene implicaciones concretas. A medida que el populismo puede unificar diversos liderazgos, el iliberalismo revela las profundas diferencias que los caracterizan. Líderes como José Antonio Kast en Chile, Javier Milei en Argentina, y Donald Trump en Estados Unidos presentan matices que el término «populismo» no logra captar adecuadamente. Esta complejidad se ha convertido en un desafío para los periodistas y académicos, quienes han observado que el enfoque homogéneo del populismo dificulta la identificación de las diferentes propuestas y proyectos políticos de cada líder.

Un claro ejemplo se encuentra en la derecha estadounidense, donde la diversidad ideológica es notoria. Conceptos como la alt-right, la derecha evangélica y otras facciones radicales tienen su propio marco de referencia. Al categorizar a Trump como populista, surge la pregunta sobre la pertinencia de esta etiqueta en comparación con otros líderes, como Kast. Si bien el populismo tiende a homogeneizar, el iliberalismo permite apreciar la pluralidad de ideas y estrategias en la extrema derecha.

La crisis conceptual del populismo puede explicarse por diversas causas. Una de ellas es la rutina excesiva en el uso del término y sus métodos de análisis. Desde sus inicios, el populismo ha sido un concepto flexible, lo que ha dificultado su estudio riguroso. Además, el objeto de estudio ha evolucionado, superando el marco conceptual inicialmente establecido. Esta mutación ha acondicionado el desarrollo de nuevas formas de pensar sobre fenómenos políticos contemporáneos.

El iliberalismo no es una solución definitiva, pero es más sensible a las distinciones que caracterizan fenómenos políticos diversos. Así, su estudio contribuye a un entendimiento más profundo de la heterogeneidad y complejidad del entorno político actual.

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