La violencia ha sido un elemento central en la historia política de Chile, manifestándose a través de motines, revueltas, guerras civiles y golpes de Estado. Esta situación ha sido alimentada tanto por agentes del Estado en nombre de un Gobierno como por movimientos sociales que, en momentos de crisis, han desafiado las estructuras institucionales. La violencia, por lo tanto, no es un fenómeno aislado, sino una constante en el desarrollo político chileno, a menudo más presente de lo que se desea admitir.
El Estado de Derecho en Chile
La existencia de un Estado de derecho es una de las grandes conquistas de la modernidad y un pilar fundamental de la democracia representativa. Este sistema busca subordinar las pasiones humanas a un conjunto de normas que son, en su mayoría, aceptadas por la sociedad. Sin este marco legal, la convivencia se vería amenazada por conflictos constantes, donde las voces más extremas eclipsarían a las minorías. Por lo tanto, el Estado de derecho se convierte en la base de la estabilidad política y garantiza la representación de todos los sectores en el ámbito público.
Retroceso del Estado de Derecho
En años recientes, Chile ha sido testigo de un preocupante retroceso del Estado de derecho, provocado en parte por el aumento del crimen organizado. Esta situación se ha agravado por la violencia extrema durante el estallido social, momento en el que las fuerzas del orden se vieron sobrepasadas y grupos radicales amenazaron la estabilidad del Gobierno. A pesar de estos acontecimientos, resulta sorprendente que, durante el Gobierno de Gabriel Boric, la violencia política haya disminuido notablemente, incluso frente a una economía estancada y altos niveles de desempleo. Esta situación plantea la pregunta: ¿cómo explicar esta aparente anomalía?
Reacción de la Izquierda Chilena
La respuesta radica en la postura de una parte de la izquierda chilena, que no acepta un Gobierno de derecha. Aunque celebra sus propios éxitos electorales, desestima sus derrotas como contrarias al pueblo. A pesar de proclamarse defensores de la democracia, no defienden la institucionalidad cuando se producen ataques a figuras del Gobierno, como lo evidenció el reciente caso de la ministra Ximena Lincolao. Declaraciones de líderes de partidos como el Partido Comunista indican que la violencia es vista como una respuesta legítima ante un sistema que perciben como agresor, pero esta visión es problemática y selectiva.
Hacia el Futuro
El discurso de que un sistema violento solo puede ser contrarrestado con más violencia es insostenible y refleja una falta de autocrítica por parte de la izquierda. Mientras no se reconozcan y asimilen las derrotas recientes, es probable que actos de violencia sigan presentes en la escena política. Con una perspectiva de largo plazo, es esencial que se refuercen los principios del Estado de derecho a través de la prevención, la persecución de delitos y la sanción de cualquier tipo de violencia política.