Paco Azorín reinventa ‘Aida’ en el Maestranza, desafiando su lema

Paco Azorín reinventa ‘Aida’ en el Maestranza, desafiando su lema

Aida: Una producción que busca trascender

Paco Azorín inicia su trabajo en la nueva producción de Aida, de Giuseppe Verdi, con una frase de Stanley Kubrick: “Sentir la experiencia es lo realmente importante, y no la capacidad de verbalizarla o de analizarla”. Sin embargo, la propuesta de Azorín parece contradecir este principio al intentar articular un enfoque intelectual que a veces resulta excesivamente explicativo.

Una introducción impactante

La producción arranca con una breve y contundente introducción teatral sin música, representando la opresión. Posteriormente, el preludio introduce al personaje de Odiseo, encarnado por el funambulista David Marco, quien habita en un desértico 3001. Se encuentra con un monolito alienígena, transformado aquí en un haz de luz blanca, que le revela su misión: demostrar que el amor es la esencia del ser humano. Para ello, retrocede al esplendor del Antiguo Egipto, aproximadamente en 1500 a.C.

Un enfoque singular que genera contradicciones

La dirección escénica de Azorín busca alejarse de la típica postal egipcia, cargando la obra con un trasfondo intelectual. Sin embargo, esta aproximación muestra una dicotomía respecto a la música de Verdi y su inspiración cinematográfica. El preludio, por ejemplo, enfrenta la delicadeza de los violines, que representan a Aida, con la imponente marcha de los violonchelos, simbolizando la autoridad. Este contraste refleja el conflicto central de la obra, que está diseñado para ser escuchado con el telón bajado.

Desarrollo de una narrativa visual compleja

En la escena final, Azorín retoma el haz luminoso, representando la trascendencia que Aida y Radamès cruzan al morir. El dúo O terra addio se eleva mientras la tierra se cierra sobre ambos, pero la aparición del funambulista, que simboliza que «el amor pesa más que la violencia», sobrepone un mensaje que resulta redundante.

Actuaciones y elementos escénicos

La dirección de actores no consigue perfilar adecuadamente los personajes, y las continuas interrupciones escénicas dificultan la fluidez de la narrativa, afectando incluso a los momentos de ballet. La escenografía, construida con escaleras y jaulas, es dominada por paneles de vídeo con motivos egipcios. Asimismo, el vestuario, diseñado por Ana Garay, evita el exotismo convencional, pero introduce referencias a Kubrick que parecen forzadas.

Momentos destacados de la producción

Entre los momentos más brillantes se encuentra la romanza de Aida, O patria mia, que brilla por su emotividad y la técnica de la soprano Marigona Qerkezi, quien demuestra un dominio excepcional. El barítono italiano Ernesto Petti también destaca como Amonasro, aportando un matiz siniestro al personaje.

Desempeño vocal y orquestal

El tenor Alejandro Roy, en su papel de Radamès, comienza con dificultades, aunque logra mostrar claridad en el registro agudo. La mezzosoprano Ketevan Kemoklidze, en el papel de Amneris, ofrece una interpretación que muestra cambios en su registro, aunque con un vibrato excesivo. Por su parte, el bajo Insung Sim sobresale como Ramfis, mientras que el Coro del Teatro de la Maestranza destaca en el famoso himno Gloria all’Egitto.

Dirección musical y cierre de la temporada

El director Daniele Callegari, también debutante en el Maestranza, mantiene un enfoque ordenado, aunque la producción no logra alcanzar momentos memorables. La verdadera esencia de Aida parece encontrarse en el tercer acto, donde la obra respira a través de la interpretación de Qerkezi. Con este montaje, la temporada del Maestranza concluye, dejándonos una experiencia más informativa que mágica.

Aida

Música de Giuseppe Verdi Libreto de Antonio Ghislanzoni, basado en un guion de François Auguste Ferdinand Mariette reelaborado por Camille Du Locle.

Manuel Fuentes, bajo (El Rey); Ketevan Kemoklidze, mezzosoprano (Amneris); Marigona Qerkezi, soprano (Aida); Alejandro Roy, tenor (Radamès); Insung Sim, bajo (Ramfis), Ernesto Petti, barítono (Amonasro); Néstor Galván, tenor (Un mensajero); Patricia Calvache, soprano (La gran sacerdotisa).

Coro Teatro de la Maestranza (Director: Íñigo Sampil)

Real Orquesta Sinfónica de Sevilla.

Dirección musical: Daniele Callegari.

Dirección de escena: Paco Azorín.

Teatro de la Maestranza, 20 de junio. Hasta el 28 de junio.

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