La reveladora historia del Mediterráneo
El 6 de octubre de 1970, el buque de perforación Glomar Challenger regresó al puerto de Lisboa, Portugal, tras una notable expedición de 54 días en el fondo del mar Mediterráneo. Durante su viaje, el Challenger perforó 28 agujeros y recuperó muestras que revelaron un sorprendente hallazgo: hace aproximadamente 6 millones de años, el Mediterráneo se había convertido en un vasto desierto, una cuenca árida y salina de más de dos kilómetros de profundidad. Posteriormente, el océano Atlántico inundó esta cuenca tras abrirse la conexión a través del estrecho de Gibraltar, desatando una de las mayores inundaciones registradas en la historia.
El impacto de una megainundación
Kenneth Hsü, uno de los científicos principales de la expedición, describió la magnitud de esta inundación en un artículo de Scientific American: “Las cataratas de Gibraltar habrían sido 100 veces más grandes que las cataratas Victoria”. Este relato generó un gran interés, culminando en un documental de David Attenborough y la emisión de un sello en Gibraltar conmemorado la llamada “catarata de 3.000 metros”. Durante más de cinco décadas, dos teorías dominaron la discusión geológica: la crisis salina del Messiniense, que suponía un aislamiento del Mediterráneo, y la inundación zancliense, que traía de regreso el agua del Atlántico.
Nuevas investigaciones desafían creencias convencionales
No obstante, investigaciones recientes han puesto en duda estos postulados, sugiriendo que el Mediterráneo pudo haber experimentado un periodo de desecación más corto y posterior recuperación más gradual. Algunos geólogos, como Guillermo Booth Rea de la Universidad de Granada, argumentan que la idea de una megainundación es errónea y que el Mediterráneo nunca se desconectó del Atlántico por completo.
Un reciente descubrimiento ha cambiado el enfoque de la exploración geo-arqueológica: el canal de desagüe que se pensaba existía cerca del actual estrecho de Gibraltar podría estar en una ubicación diferente. Estas nuevas teorías sugieren que han estado buscando indicios de la megainundación en el lugar incorrecto.
Comprendiendo el ciclo del agua en el Mediterráneo
En la actualidad, el Mediterráneo pierde anualmente por evaporación tres veces más agua de la que recibe por lluvias y ríos, con el océano Atlántico compensando esta diferencia. La evaporación incrementa la salinidad del agua, que luego se hunde. Esto crea un ciclo que evita la acumulación excesiva de sal.
Sin embargo, si el estrecho se estrechara o se cerrara, el nivel del mar en el Mediterráneo podría descender rápidamente, un escenario que pasó de ser una hipótesis a una realidad estudiada por el Glomar Challenger en 1970. En sus perforaciones, el Challenger encontró capas de grava y fósiles marinos indicativos de condiciones desérticas extremas.
Crisis de salinidad del Messiniense: un enigma persistente
La investigación posterior a la misión Glomar Challenger reveló antiguos lechos de ríos como el Nilo y el Ródano desembocando en el Mediterráneo, sugiriendo que su nivel había estado significativamente más bajo. Aunque el modelo de desecación fue consensuado tras una reunión en Utrecht en 1973, las discrepancias han seguido aumentando en los últimos años.
Paradojas geológicas
Las investigaciones han mostrado que la historia del Mediterráneo es más compleja de lo que se pensaba. Los depositados de sal, inicialmente considerados producto de una gran evaporación, podrían formarse por mecanismos alternativos. Además, el hundimiento de agua salada podría haber creado corrientes que excavarían formas de terreno como cañones.
Las hipótesis sobre el origen de los depósitos de sal ya no son suficientes para explicar los fenómenos observados, lo que provoca que la interpretación de los datos geológicos se torne más dinámica e interesante, mostrando la influencia de diversos factores climáticos y tectónicos.
El debate sobre la megainundación y su falta de pruebas
A pesar de la extensa literatura sobre la crisis de salinidad del Messiniense, las evidencias directas que respaldan la megainundación son escasas. Documentos fundamentales han dedicado poco espacio a esta inundación. Incluso exploraciones recientes en el estrecho de Gibraltar han encontrado poco con respecto a la megainundación, sugiriendo que no hubo prueba concreta de su existencia.
Investigaciones llevadas a cabo en el mar de Alborán han revelado capas de sedimentos que no corresponden a las condiciones esperadas de una megainundación, y varios geólogos han cuestionado las conexiones geográficas anteriores al evento.
Con una serie de teorías emergentes y una comprensión renovada del pasado geológico del Mediterráneo, el enfoque actual recalca que a menudo son los cambios pequeños y sutiles los que determinan grandes transformaciones ecológicas y ambientales.
Este artículo apareció originalmente en Knowable en español, una publicación sin ánimo de lucro dedicada a poner el conocimiento científico al alcance de todos.