En México, el fenómeno de los asesinatos de periodistas presenta un rostro difuso, dado que estos crímenes están profundamente entrelazados con la política a nivel estatal y municipal. Denunciar actos de corrupción, narcotráfico, trata de personas o huachicol se ha convertido en una tarea sumamente arriesgada para quienes ejercen el periodismo en el país.
La Impunidad como Factor Clave
El problema se agudiza porque el periodista que pierde la vida no solo enfrenta a quien aprieta el gatillo; detrás de estos actos violentos se encuentra un entramado de complicidades que favorece la impunidad. Desde el año 2000, se han documentado al menos 183 asesinatos de periodistas en México, según la organización Artículo 19, defensora de la libertad de expresión. Este preocupante panorama se complementa con el dato de que, en los últimos 15 años, solo se han emitido nueve sentencias en contra de los responsables de estos crímenes.
Un Contexto Peligroso para la Práctica Periodística
Internacionalmente, México es considerado uno de los países más peligrosos para el ejercicio del periodismo. La combinación de violencia, corrupción y la falta de justicia efectiva ha llevado a que muchos periodistas se enfrenten a un contexto de constante riesgo, lo que dificulta la labor informativa y el ejercicio de la libertad de expresión.
El panorama en México refleja una realidad alarmante para el periodismo en Latam, donde el riesgo no solo reside en aquellos que perpetran actos de violencia, sino en un sistema que dificulta la justicia y la protección de quienes buscan informar.