El ‘caso Rubén Rocha’ genera tensión en el cónclave de Morena

El ‘caso Rubén Rocha’ genera tensión en el cónclave de Morena

El vacío dejado por Rubén Rocha Moya en el templete del Congreso Nacional de Morena fue inconfundible. El gobernador de Sinaloa, quien se encuentra bajo licencia por una investigación, no asistió al cónclave donde su partido renovó su dirigencia nacional, aunque su situación se convirtió en el tema central del encuentro. La elección de la nueva presidenta nacional, Ariadna Montiel, y la despedida de Luisa María Alcalde, se vieron marcadas por acusaciones graves de vínculos con el narcotráfico que pesan sobre Rocha y otros miembros destacados de Morena.

Las acusaciones realizadas por el fiscal del distrito sur de Nueva York afectan no solo a Rocha, sino también al senador Enrique Inzunza, al alcalde de Culiacán, Juan de Dios Gámez Mendívil, y a seis personas más. Estas denuncias han desafiado la imagen del partido en el gobierno, que ahora enfrenta la dura realidad de la corrupción dentro de su estructura. En respuesta, Ariadna Montiel centró su primer discurso como líder del partido en la necesidad de erradicar estos problemas. Prometió abrir las puertas a solo aquellos perfiles con un historial limpio y revisó el discurso del intervencionismo extranjero, utilizado por la presidenta Claudia Sheinbaum en semanas recientes.

Compromiso contra la corrupción

“Esta dirigencia no tolerará la corrupción en ningún gobierno de Morena. Es momento de hacer un examen de conciencia; si alguien detecta corrupción, debe ser apartado de su cargo”, afirmó Montiel ante 22 gobernadores, dirigentes y 1,830 congresistas presentes en el World Trade Center. Muchos de los asistentes aspiran a las más de 2,000 candidaturas que se disputarán en las elecciones federales y locales de 2027. Montiel enfatizó que la corrupción será un criterio definitivo para la selección de candidatos, dejando claro que ningún aspirante con un historial corrupto será postulado, aunque haya ganado encuestas internas.

Entre los presentes había figuras con antecedentes polémicos, como el senador Adán Augusto López, quien evitó hablar con la prensa, y el secretario de Educación, Mario Delgado. Montiel reiteró que “en Morena los corruptos no tienen cabida”. Su declaración subraya la importancia de mantener la autoridad moral y política que ha caracterizado al partido en su trayectoria.

Denuncias de injerencia extranjera

Sobre el tema de la intervención extranjera, Montiel aclaró que las acusaciones lanzadas por la oposición no deben ser vistas como justas, sino como un intento de abrir puertas a la injerencia estadounidense. Aunque no mencionó directamente a Sinaloa o a Donald Trump, se entendió la referencia: “Los que lanzan acusaciones con fines políticos son apátridas. Ellos saben que no tienen posibilidades en las urnas, por eso promueven la intervención extranjera”, señaló Montiel.

Luisa María Alcalde e Alfonso Durazo, el presidente del Consejo Nacional de Morena, también se alinearon con esta retórica en sus discursos, apelando a la defensa de la soberanía en un contexto marcado por el escándalo de la narcopolítica. Durazo resaltó que hay quienes desean ver a México sometido a intereses ajenos, mientras que Alcalde denunció la hipocresía de ciertos actores políticos que se benefician de la situación actual.

Candidaturas y pugnas internas

La unidad dentro de Morena fue otro tema de incertidumbre durante el Congreso. Grupos de militantes se manifestaron en las afueras del recinto, demandando respeto a la base y rechazando la imposición de candidatos en la Ciudad de México. Folletos por parte de disidencias dentro del partido destacaron cuatro puntos cruciales sobre las próximas encuestas para candidaturas: piso parejo, transparencia en el proceso, el derecho a participar en una sola encuesta, y claridad en los sondeos que establecerán las candidaturas a nivel municipal y local.

Alfonso Durazo apeló a la disciplina y unidad entre los miembros del partido, resaltando la necesidad de cohesión en tiempos de tensión política. En el interior, la llegada de «la jefa Ariadna» fue celebrada por los asistentes, quienes vitoreaban en reconocimiento a su rápida ascensión política dentro de Morena, que la llevó en un breve lapso de militante a presidenta del partido.

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