En 2013, Rubén Rocha Moya, quien más tarde se convertiría en gobernador de Sinaloa, publicó una novela titulada El disimulo: así nació el narco. En esta obra, presenta la narrativa de una familia rural que establece un imperio criminal. A través de una voz omnisciente, Rocha ofrece una reflexión sobre el narcotráfico que anticipa las conclusiones del Departamento de Justicia de Estados Unidos. En las páginas finales, el autor sugiere que la erradicación del narcotráfico es una tarea imposible. Según sus palabras, “era claro que, con todo, nunca se suprimiría el narcotráfico, por lo que la clave consistía en aplicar el ingenio, pagar el disimulo, operar en las nuevas circunstancias y más allá de estas”.
Esta novela no solo es un análisis literario, sino que también sirve como un comentario social de los dilemas que enfrenta Sinaloa, un estado duramente golpeado por el crimen organizado. Con la experiencia de Rocha como político y su afiliación con Morena, la obra cobra un interés renovado en el contexto actual de la lucha contra el narcotráfico en México.
La dualidad de su vida, como novelista y político, invita a la reflexión sobre la complejidad del fenómeno del narcotráfico y su intrincada relación con la sociedad. A medida que México enfrenta desafíos persistentes en esta lucha, la visión de Rocha resuena en el ámbito político y social, sugiriendo caminos alternativos en la búsqueda de soluciones.
Así, la narrativa de Rocha Moya se convierte en un espejo de las realidades que afectan a su estado y al país entero.