«Las tildes las pongo siempre y las comas también, pero los puntos no. Y las mayúsculas solo las que me salen en automático», declara Valeria, una adolescente de 15 años de Oviedo. Por su parte, Mariam, de 14 años y originaria de Guadalajara, agrega: «Yo soy como un diccionario andante; a mí me puedes escribir con las letras mezcladas o como quieras, pero no puedes confundir ‘a ver’ con ‘haber’, esas cosas me ponen de los nervios».
Ambas jóvenes ejemplifican la situación de la ortografía en la era digital para la generación alfa, que incluye a los nacidos entre 2010 y 2025. La mayoría de estos adolescentes conocen la ortografía correcta, pero no les incomoda ver mensajes mal escritos, como «As hablado con tu padre ??» o «I que te a dicho ??». Para ellos, el contexto da sentido a la conversación, y las frases no existen en aislamiento. Un claro ejemplo es la enigmática expresión «No e abalo con mi padre», que podría interpretarse como «no sé, háblalo con mi padre» o «no he hablado con mi padre». Todas estas son transcripciones de conversaciones reales en WhatsApp.
La naturaleza de la generación alfa
La generación alfa ha crecido rodeada de tecnología desde su nacimiento, no son solo nativos digitales, sino que han tenido acceso a pantallas desde que aprendieron a hablar. Esta cotidianeidad ha hecho que su comunicación se torne más directa y menos formal, priorizando la eficiencia y la rapidez sobre las normas tradicionales de cortesía. Para ellos, los correos electrónicos y sus formalidades son cosa del pasado, comparables con el fax de generaciones anteriores. Además, prefieren evitar las llamadas telefónicas, optando por métodos de comunicación más instantáneos.
«La regla es la pereza», afirma Iker, de 16 años y residente en Madrid. «Que sea más corto y escribas menos», añade Lucía, de 13 años, también de Madrid. El propósito de esta agilidad es claro: «Sí», señala Lucía, «lo hacemos para gastar menos tiempo en cada mensaje». Cristian, de 14 años y de Murcia, explica esta práctica comunicativa: «Coges las letras clave de una palabra que se podrían decir para que se entienda». Así, eliminan letras, aunque en ocasiones añaden vocales para que el mensaje no suene demasiado abrupto, como revela Valeria con el mensaje: “fuaaaaaa noseeeee”.
El uso de stickers en la comunicación
Un aspecto destacado en su evolución lingüística son los *stickers*, fotomemes adaptados con frases y un estilo casi jeroglífico. «Tengo un amigo experto en *stickers*. Literalmente, me habla con ellos», cuenta Iker. «En lugar de decir: ‘quedamos’, me envía un *sticker* aleatorio, y yo decido si lo entiendo o no». La variedad en el uso de *stickers* es mayor en la generación alfa, ya que suelen crear los suyos a partir de imágenes. «Con mis amigas tenemos nuestros propios *stickers*», menciona Carolina, de 17 años y de Cádiz.
Sin embargo, el uso de *stickers* no siempre es inocente, y su diversidad puede abarcar desde aspectos humorísticos hasta contenidos inapropiados. «En mi grupo, no usamos *stickers* de personas famosas, pero sí hay algunos que no son muy correctos», explica María, de 17 años, residente en Valencia.
El declive del email y las llamadas
El *email* se ha convertido en un vestigio de herramientas pasadas para la generación alfa, utilizándose principalmente para iniciar sesión en plataformas o enviar documentos. «Lo uso si necesito mandar apuntes a imprimir», indica María. Para ciertos adolescentes que no poseen teléfonos móviles, el *email* sigue siendo útil como medio de comunicación. «A mi amiga que no tiene móvil le mando un correo para decirle dónde vamos a quedar», explica Carolina.
En cuanto a las llamadas telefónicas, su uso ha disminuido considerablemente. «Normalmente escribo porque puedo esperar respuesta. Una llamada puede ser molesta», dice Amets, de 15 años y de Madrid. La mayoría expresa su preferencia por enviar mensajes, reservando las llamadas para situaciones de urgencia. Mariam, de 14 años, enfatiza que solo llama a familiares o amigos cercanos, evitando hacerlo con desconocidos.