En la plaza de toros de Las Ventas, el ambiente fue tenso el pasado 7 de junio, durante la corrida celebrada en memoria de Ignacio Sánchez Mejías. Esta fue la vigésima séptima y última de la Feria de San Isidro, con un lleno absoluto que congregó a 22,964 espectadores. Sin embargo, el espectáculo no cumplió con las expectativas, ya que seis toros, tres de Domingo Hernández y tres de Cortés, se presentaron en condiciones muy por debajo de lo deseado.
Toros y protestas en la plaza
Los toros presentados se caracterizaron por estar en el límite de presentación exigido, mostrando falta de fuerzas y comportamiento manso. En total, fueron devueltos tres toros, lo que generó un clima de protesta en amplios sectores de la plaza, dirigidos hacia el palco presidencial y la empresa Plaza 1. Este descontento restó al ambiente la posibilidad de un triunfo significativo.
Actuación de Borja Jiménez
Borja Jiménez fue el único espada en esta corrida. Su actuación estuvo marcada por altibajos: recibió ovaciones en algunas ocasiones, pero también silencio en otras. A continuación, un resumen de sus actuaciones: comenzó con una estocada baja que le valió una ovación; luego, tras una estocada y un descabello, recibió silencio. En su tercer toro, logró otra estocada, pero nuevamente se escuchó silencio. En el que le siguió, logró una media estocada tendida y un descabello, lo que motivó una petición y su posterior vuelta al ruedo. Sin embargo, en su quinta y última actuación, tras dos pinchazos y un aviso, terminó con una estocada que volvió a provocar silencio.
Detalles de la corrida
Los toros de Domingo Hernández presentaron un rendimiento irregular. El primero fue correcto de presentación, pero mostró falta de fuerza y fue considerado manso y noble. Dos toros fueron devueltos en este lote. El sobrero de este hierro fue pequeño y también manso. Los toros de Cortés que se novillaron fueron igualmente correctos en su presentación, aunque manso y soso en comportamiento.
En resumen, la corrida de Las Ventas concluyó con un claro mensaje de descontento tanto de los aficionados como de los matadores, dejando un sabor amargo en lo que fue un evento tan esperado en el calendario taurino.