Contexto de la Violencia en Guerrero
Cuatro años atrás, Salvador Rangel, entonces obispo de Chilpancingo-Chilapa, ofreció una perspectiva sobre las motivaciones detrás de la violencia en Guerrero. En esa entrevista, Rangel, cercano al líder del grupo criminal Los Ardillos, Celso Ortega, afirmó que los conflictos en la región no giraban en torno a las drogas, afirmando: “¡Aquí no hay drogas!” En este momento, sus declaraciones adquieren relevancia ante el resurgir de la violencia en varias comunidades de las montañas bajas.
La Lucha por el Control Territorial
Las comunidades de Chilapa y Atlixtac, ubicadas entre las regiones Central y Montañosa, están reviviendo un angustiante ciclo de violencia. Los Ardillos, cuya base de operaciones se encuentra en el municipio vecino de Quechultenango, han intentado consolidar su control territorial durante más de una década. Las localidades de Tula y Xicotlán han sido blanco de sus ataques, mientras que el Consejo Indígena y Popular de Guerrero-Emiliano Zapata (CIPOG-EZ), un grupo de autodefensa, lucha por frenar su avance. La población se encuentra atrapada entre estos grupos, siendo considerada amiga o enemiga según su ubicación o afiliación política.
Oleada de Ataques y Desplazamientos
Recientemente, una ola de ataques, incluidos ataques aéreos con drones por parte de Los Ardillos, ha provocado el desplazamiento de decenas de familias, según el gobierno estatal. El CIPOG-EZ reporta que cientos de personas, principalmente de Tula y Xicotlán, se han refugiado en Alcozacán. Desde 2014, más de 70 miembros de CIPOG-EZ han sido asesinados y 25 se encuentran desaparecidos. Solo en el último mes se han registrado seis asesinatos. Se ha informado que las comunidades cercanas a Alcozacán y Atlxitac también han sufrido este embate, extendiendo el conflicto hacia el territorio de la familia Ortega, conocida por su habilidad política en Guerrero.
Intereses Políticos en Juego
La lucha por el control territorial está profundamente ligada a intereses políticos, que incluyen la conquista de distritos electorales y el control de recursos municipales. Un conocedor de la política regional comenta que Los Ardillos se sienten seguros bajo el paraguas de un grupo local que se presenta como organización comunitaria. Esta manipulación de estructuras comunitarias pone en tela de juicio el futuro de localidades cruciales como Tula. Mientras tanto, el papel del CIPOG-EZ despierta incertidumbre; el secretario de seguridad federal, Omar García Harfuch, ha tratado de vincular a CIPOG-EZ con Los Ardillos, una comparación que ha sorprendido a muchos en Guerrero.
Reacciones y Alianzas
Una interpretación más clara de la situación es que Los Ardillos están respondiendo a los movimientos del CIPOG-EZ y su líder, Jesús Plácido. Este último anunció en enero una alianza con otro grupo de autodefensa, la UPOEG, para operar juntos en varios municipios, particularmente en Juan R. Escudero y Tecoanapa. La UPOEG, históricamente debilitada tras el asesinato de su fundador, ha hecho concesiones a grupos criminales en el pasado, lo que complica aún más el panorama.
Influencia del Financiamiento Estatal
En su entrevista, Rangel mencionó que la batalla en las montañas bajas estaba fuertemente relacionada con los intereses de los partidos políticos en Guerrero, como Morena y el bloque PRI-PAN-PRD. Según él, las fuerzas policiales comunitarias se ven divididas por el financiamiento estatal que apoya la lucha de unas comunidades contra otras. Esta compleja red de intereses convierte a la región en un campo de batalla tanto físico como político.
Expectativas a Futuro
Cuatro años después, Morena ha logrado ciertos avances, pero el PRI aún controla importantes municipios como Chilapa y Chilpancingo. Con elecciones programadas para 2024, la violencia podría intensificarse, generando una crisis aún mayor en un contexto ya frágil, donde la ambición política y el control territorial continúan dictando el rumbo de la región.