Julia Guzmán Wattine y el legado de su padre, el juez Juan Guzmán Tapia
Julia Guzmán Wattine, originaria de Viña del Mar y con 50 años, ha dedicado un esfuerzo considerable para honrar la memoria de su padre, Juan Guzmán Tapia, quien fue el primer juez en procesar a Augusto Pinochet en Chile. A través del libro Juan sin miedo, publicado por Lom Ediciones, Julia compila una serie de relatos que abordan tanto la vida personal como la trayectoria profesional de su padre, quien investigó cientos de violaciones a los derechos humanos durante la dictadura chilena.
En su cuaderno, Julia guarda fotografías familiares que capturan momentos entrañables junto a su madre, Inés Wattine, su hermana Sandra y su padre, quien falleció el 22 de enero de 2021 a los 81 años. El libro, que Julia edita y compila junto a la abogada Patricia Albornoz y Sandra Guzmán, presenta diversas perspectivas sobre la vida de un hombre reconocido por su valentía en el ámbito judicial.
Un mosaico de relatos sobre un juez histórico
Juan sin miedo. Juan Guzmán Tapia, el juez que procesó a Pinochet, explora el legado de un jurista que cambió su vida tras su involucramiento en el procesamiento del dictador en 1998. Las colaboraciones en el libro provienen de una amplia variedad de voces, incluyendo a ex policías, periodistas y académicos, quienes brindan un panorama completo sobre su figura.
Entre las contribuciones destaca la del exjuez español Baltasar Garzón, quien fue fundamental en la detención de Pinochet en Londres en 1998. Garzón recuerda cómo Guzmán se interesó profundamente por los detalles de su propia película, evidenciando su compromiso con la verdad y la justicia.
El impacto de la primera querella contra Pinochet
Hasta 1998, Juan Guzmán era conocido principalmente en círculos judiciales y académicos. La primera querella formal contra Pinochet fue presentada por la entonces presidenta del Partido Comunista, Gladys Marín, y el abogado Eduardo Contreras, por crímenes cometidos en 1976. Este caso recayó en Guzmán, quien enfrentó escepticismo en un Poder Judicial que había fallado a favor de la dictadura.
Durante esta época, Guzmán compartió una conversación significativa con su hija Julia, en la que le expresó su confianza en que «las cosas van a cambiar». Esa declaración reflejaba su decisión firme de aceptar la querella, consciente de las dificultades que surgirían.
La evolución de un juez lleno de convicciones
La transformación de Guzmán a lo largo de su proceso en el juicio a Pinochet se vuelve evidente. Inicialmente, existía en él una cierta incredulidad sobre la magnitud de los crímenes, pero a medida que avanzaba el sumario, su entendimiento del horror y su responsabilidad se profundizaron. Julia señala que esta experiencia cambió la forma en que su padre percibía el mundo y la justicia.
Condiciones adversas y amenazas
A medida que las investigaciones proseguían, la familia Guzmán Wattine enfrentó presiones externas. Julia recuerda momentos de tensión en su hogar, donde se veían rodeados de protestas de simpatizantes de Pinochet. Durante esos tiempos, su padre fue advertido sobre las repercusiones de sus acciones, lo que intensificó la ya frágil situación familiar.
La relación entre Guzmán y los poderes militares también se complicó. Se le recordaba constantemente su conexión con una familia militar, lo que lo colocaba bajo la mira de quienes se oponían a sus acciones judiciales.
El legado de un juez y su búsqueda de justicia
Juan Guzmán interrogó a Pinochet en varias ocasiones, pero sus defensores intentaron evitarlo alegando problemas de salud. A pesar de las incertidumbres que enfrentaba, Guzmán seguía convencido de su deber y responsable de llevar a cabo su labor judicial.
Julia, en su obra, destaca que existen críticas hacia su padre por el hecho de que Pinochet muriera sin una condena. Ella aclara que las decisiones que tomaría el juez fueron a menudo limitadas por el contexto judicial de la época, enfatizando que su padre hizo todo lo posible para buscar justicia en un ambiente adverso.