El año 2025 será recordado como el año de Claudia Sheinbaum Pardo, marcando una nueva etapa en la política nacional. Este periodo representa el primero en el que la organización política no gira en torno a Andrés Manuel López Obrador, y la imagen de Sheinbaum ha emergido con fuerza en un contexto de desgaste para su partido, Morena.
Desde el inicio de 2025, Sheinbaum se posicionó rápidamente como una figura clave, destacándose por su templanza. Los medios comenzaron a referirse a ella como una «cabeza fría», un atributo que, inicialmente criticado por su contendiente Xóchitl Gálvez, se reinterpretó como una virtud indispensable para el gobierno. Su capacidad para manejar la tensión política fue evidente al enfrentarse a diversos desafíos, incluyendo la reforma judicial y problemas de gobernanza en lugares como Teuchitlán.
Retos y crisis en el horizonte
El año estuvo marcado por una serie de crisis que se intensificaron con el paso de los meses. Desde el verano, titulares impactantes como “Vinculan a Adán Augusto López con La Barredora” y otros escándalos relacionados con figuras de Morena comenzaron a surgir, revelando una serie de problemas que amenazaban con desestabilizar al partido. Cada uno de estos incidentes, aunque aislados, contribuyó a mostrar una realidad más compleja dentro de la formación política.
La promesa de equidad
Estos eventos trataron de desgastar la imagen de un partido que había prometido ser diferente. A medida que emergían más casos de corrupción y comportamiento cuestionable entre sus miembros, se desdibujaba la narrativa de que “no son iguales”, un pilar que López Obrador había cultivado durante años. La evolución de estos casos reveló cómo el crecimiento desmedido de Morena, que cuenta con más de diez millones de afiliados, podía resultar en lealtades ciegas que se confundían con impunidad.
Contraste con la figura de Sheinbaum
A pesar de estos desafíos internos, Claudia Sheinbaum logró destacarse. Sin necesidad de esfuerzos deliberados, su imagen se fue alejando del de sus colegas más cuestionados, quienes parecían “caer en el vacío” ante el escándalo. Este contraste entre su liderazgo y el de otros miembros del partido dejó al descubierto las debilidades de aquellos que no compartían el mismo estatus político que ella.
La mayor amenaza para el gobierno de Sheinbaum, curiosamente, provino desde dentro de Morena. La agitación impulsada por jóvenes aliados a la oposición no tuvo el impacto que se esperaba. Este sabotaje se desvaneció en cuestión de semanas, mostrando que el verdadero incendio se alimentaba de los propios problemas internos del partido.
Aprendizajes y evolución
A lo largo de 2025, Sheinbaum ha demostrado ser receptiva a las críticas y ha rectificado su camino donde fue necesario. Su liderazgo ha consistido, en parte, en portar la responsabilidad del partido que, a menudo, la ha dejado como la escudera frente a la mala reputación de otros cuadros políticos, como Evelyn Salgado y Rubén Rocha.
El año que se cierra nos deja una imagen clara: la capacidad técnica y la credibilidad ética de Claudia Sheinbaum han sido reafirmadas, incluso en tiempos de crisis. En un contexto de desgaste para Morena y de una oposición que lucha por mantenerse relevante, Sheinbaum ha sabido rehabilitar, de cierta manera, la confianza pública en el gobierno.
El tiempo, sin embargo, no es ilimitado para ella. A medida que avanza un nuevo año, la presión y el desafío de mantener su figura y la de su partido seguirán en aumento. El año 2025 marca así una etapa importante para la política en México y para la trayectoria de Claudia Sheinbaum.