Ismael El Mayo Zambada, una figura icónica del crimen organizado en México, se convirtió en un fantasma durante más de 50 años, liderando el cartel de Sinaloa, que generó miles de millones de dólares a través del tráfico de cocaína, metanfetamina, fentanilo y otras drogas ilícitas. A pesar de tener una recompensa de 15 millones de dólares sobre su cabeza, Zambada logró evitar su captura hasta su arresto en julio de 2024 en el aeropuerto de Santa Teresa, en El Paso, Texas. Su detención, junto a Joaquín Guzmán López, hijo de Joaquín El Chapo Guzmán, suscitó rumores y especulaciones que se intensificaron cuando Guzmán López, tras declararse culpable de cargos de narcotráfico y crimen organizado en Chicago, admitió haber secuestrado a Zambada para entregarlo a las autoridades estadounidenses. El testimonio de Guzmán López ha reavivado inquietudes sobre la implicación de Estados Unidos en la operación, a pesar de las negaciones oficiales desde la Casa Blanca y el Gobierno mexicano, que ha exigido respuestas a Washington.
Captura limpia: sin disparos
En su declaración, Guzmán López relata que concertó una reunión con Zambada, quien fue emboscado y secuestrado por varios hombres. Tras ser atado y vendado, Zambada fue trasladado en una camioneta a una pista cercana y forzado a abordar un avión privado. Durante el vuelo, Guzmán López le ofreció una bebida con sedantes. Hasta la fecha de su captura, Zambada no había estado nunca en prisión. Cabe mencionar que Guzmán López aclaró en su declaración que el Gobierno de Estados Unidos no tuvo conocimiento ni participación en el secuestro.
Sin embargo, diversos reportes sugieren que la Administración de Control de Drogas (DEA) y el Buró Federal de Investigaciones (FBI) estaban al tanto del plan. La operación se realizó de manera eficaz, sin disparos. Según Mike Vigil, exjefe de Operaciones Internacionales de la DEA, la captura se dio en un momento clave, ya que Ovidio Guzmán, hermano de Joaquín Guzmán López, estaba detenido y negociando con el gobierno estadounidense.
El embajador de EE. UU. en México, Ken Salazar, indicó que el avión utilizado por Guzmán López y Zambada despegó de Sinaloa sin un plan de vuelo adecuado. Aunque no era un piloto estadounidense, fuentes aseguran que las autoridades estadounidenses tenían conocimiento de que Zambada estaba a bordo del avión en el momento en que cruzó la frontera.
¿Dónde está el piloto?
Las circunstancias de la captura generaron una serie de preguntas en México. El Gobierno afirmó no haber tenido participación en el operativo y que solo fue informado por la Embajada estadounidense. En una conferencia de prensa, la secretaria de Seguridad, Rosa Icela Rodríguez, identificó al piloto como Larry Curtis Parker, un ciudadano estadounidense.
Sin embargo, Parker insistió en no estar relacionado con el secuestro y las autoridades confirmaron que no era el piloto del vuelo. La confusión sobre su identidad se suma a la ausencia de respuestas sobre el piloto real. En una conferencia posterior, el presidente Andrés Manuel López Obrador solicitó a la Fiscalía General de la República (FGR) que continuara exigiendo información sobre el piloto involucrado.
El 30 de octubre de 2024, Alejandro Gertz Manero, titular de la FGR, reveló que se habían solicitado en tres ocasiones información sobre el piloto, pero no habían obtenido respuesta. Las investigaciones también revelaron que el avión tenía irregularidades, incluyendo matrículas y series falsificadas, generando más dudas sobre cómo se llevó a cabo esta operación.
De hecho, el 12 de agosto de 2024, se detuvo a Mauro N, alias El Jando, un piloto clave vinculado al cartel de Sinaloa, quien fue inculpado de participar en el operativo que resultó en el secuestro de Zambada. Aunque posteriormente se determinó que no tuvo participación directa en el vuelo.
La sombra del narcotráfico sobre Rocha Moya
La declaración de Guzmán López ha reabre las especulaciones sobre el gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, quien ha sido acusado de conexiones con el narcotráfico. En una carta, Zambada afirmó haber sido traicionado al ser convocado a una reunión que incluía a Rocha y a Héctor Cuén, el mismo día de su secuestro. Guzmán López mencionó que su presencia era necesaria para resolver un desacuerdo, aunque Rocha nunca asistió a la reunión y Cuén fue asesinado en el rancho donde Zambada fue raptado.
La situación ha complicado la imagen de Rocha, quien ha negado conocer los detalles de la reunión y aseguró que estuvo desinformado. Según el libro La Cuarta Transformación del crimen organizado, la entrega de Zambada fue parte de un acuerdo estratégico para obtener beneficios de Estados Unidos, aunque el Departamento de Justicia ha aclarado que no se otorgará ningún crédito por el secuestro.
Las preguntas hacia las autoridades mexicanas siguen aumentando, con legisladores de la oposición demandando respuestas sobre cómo tuvo lugar el secuestro sin que las autoridades intervinieran. Este caso ha reavivado el debate sobre la seguridad en Sinaloa y la influencia del narcotráfico en la política del estado, evidenciando una vez más la compleja relación entre crimen organizado y gobernanza en México.