Samanta Schweblin y su premio Aena: cuentos que concentran la esencia

Samanta Schweblin y su premio Aena: cuentos que concentran la esencia

Samanta Schweblin, la talentosa cuentista argentina, se ha destacado en el ámbito literario no solo por sus dos novelas, Distancia de rescate (2014) y Kentukis (2018), sino principalmente por su maestría en el cuento. Influenciada por el realismo fantástico rioplatense de Adolfo Bioy Casares y Julio Cortázar, así como por la tradición del realismo sucio estadounidense, la escritora de 48 años ha sido reconocida con el primer premio Aena de Narrativa Hispanoamericana por su colección de relatos El buen mal, lanzada a inicios de 2025. En la ceremonia de entrega, Schweblin resaltó la importancia de honrar a los cuentistas en un contexto literario que suele privilegiar la novela. “Los que escribimos cuentos corremos medio cojos”, afirmó en Barcelona, agradeciendo que el galardón reconociera “la excepción” en lugar de la norma.

Con el tiempo, los relatos de Schweblin han ido ganando en longitud, algo evidente en El buen mal. La autora ha indicado que ha logrado reducir el “volumen de ansiedad” que la llevaba a elegir lo escueto. “¿Por qué perder el tiempo en 250 páginas si puedo contar esta historia en 20?”, reflexionó en una entrevista en Berlín. Para Schweblin, el cuento ofrece una particular potencia: “El cuento trae consigo una suerte de portal. Puede llevarte rápidamente de un salón a un parque en París o a una montaña en el sur de Argentina”, subrayando el deseo del cuentista de acompañar al lector en ese shock de cambio abrupto.

Sus cuentos, aunque diversos, presentan rasgos comunes: una constante tensión entre lo cotidiano y lo extraño, un humor sutil y giros narrativos bruscos —accidentes mortales, conflictos inesperados o crisis de lucidez—, donde los personajes cruzan umbrales simbólicos. A menudo, estas historias exploran la naturaleza de la familia, cuestionando su papel como un espacio seguro. Temas como el duelo, la culpa y la ambigüedad de las relaciones humanas predominan en su obra. A continuación, una selección de siete de sus cuentos más destacados.

Hacia la alegre civilización de la Capital (2002)

Este relato, que abre El núcleo del disturbio, el primer libro de relatos de Schweblin, ya introducte los ejes temáticos de su obra. Un hombre llega a una estación remota con la intención de regresar a la Capital, pero un impedimento le impide comprar su billete. Atrapado en un entorno rural inquietante, las dinámicas con el boletero y su esposa, así como otros viajeros, revelan una fábula sobre el poder del afecto. La familia, aunque en un contexto de ternura, también se presenta como un espacio de control. “Una última sensación, común a todos, es de espanto: intuir que al llegar a destino ya no habrá nada”, manifiesta Schweblin.

Pájaros en la boca (2009)

Este conocido relato inicia con un impactante diálogo: “Comés pájaros vivos, Sara”, dice el padre, a lo que la hija adolescente responde afirmativamente, cubierta de sangre. Este cuento, que da título a su colección de 2009, explora la complejidad de la relación entre un padre y su hija, quien ha desarrollado un hábito monstruoso. La narrativa sigue la confusión del padre, que debe confrontar el horror y la ternura en su hija. La obra destaca cómo lo fantástico es presentado con naturalidad, revelando verdades emocionales perturbadoras.

Un hombre sin suerte (2012)

En este relato, una niña recuerda su octavo cumpleaños, cuando, tras el accidente con lejía de su hermana, se ve atrapada en un hospital. Allí conoce a un hombre desconocido que le ofrece consuelo en medio del caos, pero su encuentro provoca reacciones intensas de los adultos. El relato de Schweblin explora esta interacción cargada de ambigüedad y la sensación de abandono que se reproduce en su obra, con un enfoque psicoanalítico que atrae la atención hacia las tensiones familiares.

Nada de todo esto (2015)

Este relato inaugural de Siete casas vacías presenta a una madre y su hija en un frágil viaje por barrios residenciales, observando la vida ajena. Cuando su coche se atasca, la madre finge un malestar y roba un objeto de una casa ajena, lo que desencadena en la hija un sentimiento de sadismo. Inspirado en el Hurlingham de su infancia, este relato revela las complejidades del deseo y la envidia social en un entorno de contrastes.

Mis padres y mis hijos (2015)

En este cuento, un padre separado se enfrenta a la desaparición de sus hijos y sus ancianos padres en un escenario de caos familiar. La tensión se intensifica hasta que los encuentra felices, preguntándose entre la libertad infantil y el control adulto. Inspirada en su propia abuela, Schweblin aborda la conexión entre la niñez y la vejez, resaltando la libertad que se encuentra al final de la vida.

Bienvenida a la comunidad (2025)

Este relato inicial de El buen mal abre con una escena oscura: una mujer intenta suicidarse atándose un yunque a la cintura. Su regreso a la rutina diaria revela las luchas internas y el dolor que busca atar al mundo. Schweblin provoca la reflexión sobre cómo el “buen mal” puede transformar la vida, llevando a la protagonista a cuestionar su identidad y sus prioridades tras la experiencia devastadora.

El ojo en la garganta (2025)

En este cuento, un accidente doméstico cambia la vida de una familia, forzando al padre a lidiar con un profundo sentimiento de culpa tras la lesión de su hijo. Este relato destaca la complejidad de la relación entre ambos y se entrelaza con un misterio que se desvela con el paso del tiempo. A través de pasajes conmovedores, Schweblin examina las heridas que dejan las experiencias traumáticas en las relaciones familiares.

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