Recuerdos y sabores: los alimentos que vivieron los secuestrados de las FARC

Recuerdos y sabores: los alimentos que vivieron los secuestrados de las FARC

En diciembre, la música navideña resuena en Colombia mientras decenas de ciudadanos permanecen secuestrados en la selva. “Nos llevaron natilla y buñuelos, y nos dolía más estar lejos de casa”, relata Alan Jara, exgobernador del Meta, en su libro Más que sobrevivir al secuestro. Jara pasó ocho años, de 2001 a 2009, en manos de las FARC, en lo que se considera la etapa más oscura del secuestro en Colombia. Según la Comisión de la Verdad, entre 1995 y 2004, cerca de 39.000 personas fueron secuestradas en el país, siendo la guerrilla de las FARC la principal responsable. Durante las festividades, la tensión se aliviaba temporalmente y las pequeñas alegrías como un trago de aguardiente o ver el programa de fin de año de Jorge Barón ofrecían un respiro.

Memorias del Secuestro y la Alimentación

Tras recuperar la libertad, los exsecuestrados recuerdan con nostalgia los olores y sabores de su tiempo cautivos, especialmente durante la temporada navideña. Felipe Castilla Corzo, gastrónomo y profesor de la Universidad de la Sabana, ha investigado este fenómeno antropológico en su libro Sancocho de mico, donde explora la alimentación de los secuestrados. A través de publicaciones de los mismos rehenes y entrevistas a militares, policías y políticos, Castilla se enfoca en los llamados “secuestros políticos”, aquellos que buscaban canjear a sus prisioneros por guerrilleros encarcelados.

La selva ofrecía grandes desafíos nutricionales. Los secuestrados enfrentaron escasez de alimentos y tuvieron que adaptarse a lo que la naturaleza les brindaba: animales, frutas y tubérculos, así como comida no perecedera que llegaba a través de complejas operaciones logísticas. Su dieta diaria consistía en alimentos básicos como café, arroz, plátano, legumbres ocasionales, y sopas de pasta con sardinas, acompañadas de productos derivados de la yuca y maíz.

Testimonios de un Menú Extraordinario

Los recuerdos de los secuestrados apuntan a un menú insólito. El expolicía Jhon Frank Pinchao describe cómo, tras una preparación de sopa de pasta con sardinas, el plato tenía una capa de aceite que, aunque desagradable, era un rasgo común de su alimentación. El coronel William Donato, quien estuvo 12 años cautivo, confirma que el dictado de Manuel Marulanda, cofundador de las FARC, estipulaba el uso excesivo de aceite en las comidas.

Generalmente, la comida era grasosa, salada y ahumada, con escasez de frutas y verduras. A pesar de estas limitaciones, los secuestrados se vieron obligados a consumir una variedad impresionante de animales, desde insectos hasta reptiles. Entre los platos destacados, el «sancocho de mico» se convirtió en un símbolo del sacrificio y la adaptación, a pesar de ser un tabú en muchas culturas.

Comidas Especiales en Festividades

Durante la Navidad, la comida ofrecía un pequeño alivio. Clara Rojas, otra exsecuestrada, menciona en su libro Cautiva que el Día de las Velitas en 2007 trajo pollo asado, natilla y masato, un regalo en medio de su cautiverio. Sin embargo, Castilla reveló que probar estos platos a menudo intensificaba la nostalgia entre los secuestrados, recordándoles su ausencia familiar.

El licor también formó parte de las festividades. Jara narra cómo en una ocasión recibieron una botella de vodka que compartieron entre veintiocho personas, especialmente atesorando cada mililitro. Las celebraciones se veían marcadas por la posibilidad de extender la noche, algo que los secuestrados valoraban en su lucha por mantener la esperanza.

El Año Nuevo como Época de Celebración

El Año Nuevo era una celebración más destacada entre los guerrilleros. Jara recuerda un 31 de diciembre en que se les permitió quedarse despiertos escuchando radio, disfrutando de «olladas» de masato fermentado bajo condiciones especiales. “Cuando se la terminen avisan: si quieren más, les traemos otra vela y otra ollada; si no, se van a dormir”, era la consigna de las FARC, lo que llevó a los secuestrados a disfrutar de su momento único de celebración.

Este relato de los extremos vividos a través de la alimentación durante el secuestro subraya la resiliencia humana en situaciones de adversidad, reflejando la complejidad del conflicto armado en Colombia y su huella en la memoria colectiva.

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