La política es una actividad omnipresente que nos acompaña desde el nacimiento hasta la muerte, lo que la convierte en un fenómeno sin un centro definido. Su naturaleza es más dispersa que concentrada, proyectándose en todos los aspectos de la vida social y personal. En la actualidad, su presencia se siente en todos los rincones, tanto en el ámbito físico como en el virtual, donde las redes sociales tratan constantemente de hackear nuestras mentes. Aquellos que se autodenominan políticos de centro y se esfuerzan por convertirse en la referencia central, atacando a los extremos como ‘extrema derecha’ o ‘extrema izquierda’, enfrentan desafíos significativos para ser escuchados y persuadir a los votantes. Este fenómeno revela una concepción anacrónica de la política, donde aún se cree posible un plano cartesiano en el que se puedan distinguir categorías claras entre derecha, izquierda y sus variantes.
Los políticos a menudo emplean una visión binaria del espectro político, sumando además dimensiones internacionales de norte-sur y este-oeste. Esta perspectiva limitada les impide entender la política como un campo dinámico de fuerzas que se despliega en diversas áreas de conflicto, donde las posturas pueden cambiar según intereses y aspiraciones electorales. Así, es común ver a quienes antes defendían un enfoque radical pasar a abrazar posturas más moderadas en busca de apoyo. Este giro se refleja en las campañas electorales actuales, donde la cuestión social y el empleo digno han cobrado relevancia, y quienes antes se oponían al salario vital ahora lo promueven.
La política como movimiento
Sin embargo, la política no es simplemente un territorio a mapear. Su dinámica es más parecida a la física cuántica que a la geometría cartesiana. Esto significa que no puede ser encerrada en coordenadas fijas como “X” (seguridad) y “Y” (cuestión social). Respecto a esto, es notable el contraste entre candidatos que buscan el voto sin límites y aquellos como Fajardo, que quedan atrapados en su imagen académica y su enfoque rígido. En realidad, la política aborda cuestiones inherentes a nuestra humanidad, como la libertad, corruptibilidad y la capacidad de acción, todo en un contexto cada vez más influenciado por algoritmos, inteligencia artificial y la propagación de fake news.
La importancia del pensamiento crítico
A pesar de la manipulación creciente, es posible y necesario mantener un pensamiento crítico y participar en la deliberación pública. Somos nosotros quienes debemos definir qué significan ser de derecha, centro o izquierda, sin permitir que solo los políticos o la IA nos clasifiquen según sus propios intereses y prejuicios. En esta era tecnológica, donde la IA intenta dictar nuestros deseos y pensamientos, es fundamental mantener el control sobre nuestras decisiones y elecciones. La política se convierte en un campo de batalla donde las emociones, tales como el miedo y la codicia, son utilizadas para manipular el electorado, a menudo bajo pretextos ideológicos como «MAGA» y «AMERICA FIRST» en Estados Unidos.
Este fenómeno no es exclusivo de un país; se manifiesta globalmente. Las élites tecnopolíticas y asesores de marketing electoral logran cautivar a las masas a través de promesas engañosas y consignas efectivas que apuntan a resolver todos nuestros problemas, aun cuando frecuentemente perpetúan la violencia, la pobreza y otros flagelos. Es inverosímil que este ciclo de ilusiones se repita cada cuatro años, dejado a aquellos más perjudicados a lamentar que «todos los políticos son iguales», pero sin renunciar a votar por ellos.
Demandar transparencia en la política
La mayoría de los políticos, con raras excepciones que suelen fracasar electoralmente, han dedicado su vida a eludir problemas profundos y complejos. Sus aspiraciones, al igual que su carrera profesional, tienden a alinearse con grupos de poder que financian carrera y campañas. Sería valioso que, en vez de prometer soluciones, los candidatos hicieran públicas verdades fundamentales, tales como el costo de sus campañas y la identidad de sus patrocinadores. Si tuviéramos acceso a esta información, podríamos acercarnos a las elecciones con mayor conciencia y discernimiento.
Compromiso ciudadano
Como ciudadanos que reconocemos nuestro papel en el ámbito político, debemos cuestionarnos mediante fuentes confiables como la Registraduría y organizaciones como la MOE y PARES. Este seguimiento exhaustivo nos permite formarnos un juicio informado sobre los candidatos en campaña, más allá de las imágenes de patriotas que exhiben en medios. Votar de manera informada señala que nosotros, como ciudadanos, somos el epicentro del poder político y que seremos nosotros quienes definiremos el futuro de nuestras decisiones democráticas en las próximas elecciones del 8 de marzo, la primera vuelta presidencial el 31 de mayo y la segunda vuelta el 21 de junio.