Morosidad en Argentina: ¿Error del programa o nueva tendencia?

Morosidad en Argentina: ¿Error del programa o nueva tendencia?

It’s not a bug, it’s a feature. Esta frase célebre del ámbito del software, frecuentemente utilizada para justificar errores como características, se puede aplicar a la alarmante morosidad que asola la economía argentina en la actualidad.

Contexto de la Morosidad en Argentina

De acuerdo con los últimos datos proporcionados por el Banco Central de la República Argentina (BCRA), aproximadamente 20,5 millones de personas, lo que representa el 60% de la población adulta del país, tienen algún tipo de deuda financiera. Esta cifra muestra un aumento de casi 2 millones de personas en comparación con fines de 2024.

La morosidad, definida por los atrasos de más de 30 días, está particularmente alarmante en los préstamos a familias, que en el último año mostraron un notable crecimiento, alcanzando un 9,3% del total prestado. Este porcentaje marca el nivel más alto desde la crisis económica de 2001, la más severa en la historia argentina.

Detalles sobre la Morosidad

Un análisis más profundo revela datos importantes sobre esta situación. Según el último informe de estudios económicos del Banco Provincia, la morosidad ha aumentado más en entidades no financieras, como billeteras virtuales y tiendas de electrodomésticos, que en la banca convencional. En el primer caso, la irregularidad de cartera creció del 8% al 25% entre fines de 2024 y 2025, mientras que en el sector bancario pasó del 3% al 11%.

Adicionalmente, al segmentar por monto, se observa que los créditos de menor cuantía (menos de 1 millón de pesos, equivalentes a aproximadamente 720 dólares) han aumentado considerablemente, representando casi uno de cada dos préstamos. Estos créditos presentan una morosidad del 25%, el doble que los préstamos de montos más altos, donde la morosidad se reduce al 12%.

Causas de la Creciente Morosidad

Las entidades no financieras, al tener menores exigencias para otorgar créditos, suelen captar a clientes de bajos ingresos y aplicar tasas de interés más elevadas. Sin embargo, este hecho no explica por sí solo el dramático aumento en la morosidad que se ha observado en el último año. Aquí es donde interviene el impacto del programa económico vigente.

El programa de estabilización implementado por el gobierno de Javier Milei al asumir el cargo logró reducir la inflación de manera significativa, pero esta reducción ha venido acompañada de un ajuste severo sobre los ingresos. Aunque estos se han recuperado durante 2024, todavía se sitúan entre un 5% y 10% por debajo de los niveles anteriores, dependiendo del tipo de empleo.

Además, la decisión del Banco Central de no intervenir en el mercado monetario, bajo una lógica libertaria, ha resultado en tasas de interés extremadamente altas, que alcanzaron casi el 160% a finales del año pasado. Esta combinación de factores ha provocado un aumento del poder adquisitivo de las familias más vulnerables.

Consecuencias de la Política Monetaria

La caída del poder adquisitivo, en un entorno de tasas relativamente bajas, llevó a muchas familias a recurrir al crédito para complementar sus ingresos. Sin embargo, el repentino incremento de las tasas de interés hizo que muchos de estos créditos se volvieran impagables, lo que ha contribuido al aumento de la morosidad que aún no muestra signos de estabilización.

A esto se suma el incremento sistemático de la inflación en los últimos meses, que ha pasado del 1,5% mensual en mayo de 2025 a un 2,9% en la actualidad. Este escenario plantea al gobierno una disyuntiva clara: continuar aplicando una política monetaria contractiva para controlar la inflación, lo que podría incrementar la morosidad, o disminuir las tasas de interés para intentar frenar este fenómeno.

Un Problema Sistémico

La morosidad en el sistema financiero argentino no es un problema aislado, sino que refleja contradicciones más profundas del programa de estabilización. Aunque la política monetaria contractiva es necesaria para controlar una inflación que vuelve a acelerarse, sus efectos sobre el costo del crédito y el poder adquisitivo alimentan la morosidad que se intenta combatir. Por el momento, no parece que haya una solución a la vista.

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