El Cerebro de las Moscas y su Relevancia en la Neurociencia
El cerebro de una mosca, del tamaño de un grano de arena, es objeto de estudio de la neurocientífica española Lucía Prieto Godino. La investigadora, originaria de Madrid y directora de su propio laboratorio en el Instituto Francis Crick en Londres, sostiene que este diminuto órgano podría ofrecer claves sobre el complejo sistema nervioso humano, responsable de logros como El Quijote, la vacuna contra la viruela y las pirámides de Egipto. «Hemos avanzado mucho en el entendimiento de cómo funciona el cerebro, pero conocimientos sobre su evolución siguen siendo escasos. Esta es la gran pregunta que guía nuestra investigación», afirma Prieto Godino.
La Diversidad del Cerebro Animal
Comparar los cerebros de diferentes especies es un desafío debido a sus marcadas diferencias. Desde el ser humano hasta un caballito de mar o una avispa, cada uno presenta un cerebro único dirigido por conductas variopintas. Prieto Godino ha optado por estudiar especies de moscas que aparentan ser similares pero exhiben comportamientos diversos. «No es que nos interese lo que hacen las moscas, sino que, al entender cómo evolucionan sus cerebros, nos acercamos a la comprensión de nuestro propio cerebro», explica mientras se encuentra en el Puente Monumental de Arganzuela, un lugar que evoca la estructura del ADN.
Avances en Neurociencia Animal
La neurociencia moderna, aunque ha hecho progresos significativos en un siglo y medio, aún tiene mucho camino por recorrer. Un hito reciente fue el desarrollo del primer mapa completo del cerebro de un animal, el de la larva de la mosca de la fruta, presentado en 2023 por un equipo liderado por el investigador español Albert Cardona. Este atlas reveló una estructura compuesta por aproximadamente 3.000 neuronas y medio millón de conexiones. Un año después, se presentó el primer mapa del cerebro adulto de la misma especie, con 140.000 neuronas y aproximadamente 55 millones de conexiones. Estos resultados, aunque significativos, son solo un pequeño paso frente al monumental desafío que representa el estudio del cerebro humano, compuesto de 86.000 millones de neuronas.
Investigaciones sobre Circuitos Neuronales
El objetivo primordial del laboratorio de Lucía Prieto Godino es entender cómo evolucionan los circuitos neuronales que permiten diferentes comportamientos en distintas especies. Ha centrado su atención en la mosca de la fruta (Drosophila melanogaster) y su pariente africano, la Drosophila erecta, que se ha adaptado para alimentarse de un arbusto endémico. Al comparar sus cerebros, su equipo ha descubierto que las diferencias de comportamiento no provienen de un cambio en el tipo o número de neuronas, sino de las conexiones entre ellas.
Transferencia de Comportamientos entre Especies
En un avance notable, investigadores de la Universidad de Nagoya anunciaron en agosto de 2025 la transferencia de un comportamiento de una especie a otra, manipulando un solo gen. En su estudio, investigaron un comportamiento de apareamiento de la mosca Drosophila subobscura, donde las hembras requieren que los machos regurgiten alimento. Al activar un gen específico en machos de Drosophila melanogaster, lograron que adoptaran este comportamiento. Sus hallazgos fueron publicados en la revista Science.
Contribuciones de Prieto Godino
El laboratorio de Prieto Godino también ha logrado transferir preferencias alimenticias entre especies, logrando que Drosophila melanogaster desarrollara una preferencia por un fruto específico de África, a través de manipulación genética en conexiones neuronales. «Hicimos experimentos para transferir el comportamiento de una especie a otra, y tuvimos éxito», declara Prieto Godino. Sin embargo, estos resultados aún no se han publicado en revistas científicas, estando pendientes de revisión.
Relevancia de las Moscas en la Ciencia
Lucía Prieto Godino es consciente de las diferencias evolutivas entre moscas y humanos, pero busca descubrir principios generales en la organización cerebral. «Las moscas comparten el 75% de los genes que causan enfermedades en humanos», argumenta. Esta conexión ha sido respaldada por reconocidos científicos a lo largo de la historia, como Thomas Hunt Morgan, quien ganó el Nobel de Medicina en 1933 por sus estudios con moscas, y otros premios Nobel que han hecho descubrimientos clave a partir de ellas.
Con diversas investigaciones lideradas por profesionales en el ámbito de la neurociencia, se espera continuar desentrañando los misterios del cerebro humano a través del estudio de este sencillo pero intrigante insecto.