La democracia es un sistema político que exige aceptación y diálogo. No se trata solo de ganar o perder, sino de reconocer la legitimidad del otro como un igual. En Colombia, este concepto fundamental parece estar en crisis, ya que algunos optan por la confrontación en lugar de la convivencia.
Recientemente, varios miembros de la oposición al gobierno de Gustavo Petro hicieron llamados alarmantes tras la caída de Nicolás Maduro, a raíz de una operación llevada a cabo por Estados Unidos. Este acontecimiento expuso el nivel de descomposición política que caracteriza a ciertos sectores de la oposición, que, en su desesperación por recuperar el poder perdido en las elecciones de 2022, demostraron una falta de cultura política y un desprecio por los principios democráticos.
La pregunta es clara: ¿qué demócrata colombiano solicitaría a un país extranjero la captura del presidente de la República? La respuesta es igualmente contundente: ninguno. Disentir sobre la gestión de un presidente es válido, pero desear que un gobierno extranjero actúe de manera intervencionista pone en tela de juicio el verdadero compromiso con la democracia.
Los miembros de la oposición que instaron a Estados Unidos y a Donald Trump a capturar a Gustavo Petro no comprenden las reglas de la democracia. Ignoran que perder una elección implica respetar al ganador hasta que llegue el momento de un nuevo sufragio. Este comportamiento refleja una falta de respeto hacia el proceso democrático y hacia el país mismo.
Los opositores que abogan por una acción tan drástica como la captura de un presidente no quieren lo mejor para Colombia. Nadie que ame su país desearía un escenario tan desestabilizador. Además, tienen que considerar que acciones como estas pueden generar repercusiones graves para todos. Si su intención es volver al poder en el futuro, deberían pensar en cómo se sentirían ante una oposición que promoviera intervenciones extranjeras.
Es cierto que Gustavo Petro ha enfrentado críticas por su gestión, pero la oposición debería ser consciente de que su llamado a la intervención simplemente les sitúa en un lugar igualmente negativo. El camino que siguen es perjudicial y no hace más que resaltar su desprecio por la democracia y por el país.