La humanidad retoma su camino hacia la Luna. A principios de febrero, se abrirá la primera ventana para que la NASA lance la misión Artemis 2, que llevará a cuatro astronautas: Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen. Esta expedición marcará la primera vez que se sobrevuela el satélite terrestre desde que, en diciembre de 1972, el astronauta Eugene Cernan cerrara la escotilla de la misión Apolo 17.
La pregunta que surge tras más de medio siglo sin volver a la Luna es: ¿por qué ha pasado tanto tiempo? Esta cuestión involucra complejas interacciones de política, desarrollo tecnológico y nuevas metas en la exploración espacial.
Motivaciones Políticas del Programa Apolo
Desde su inicio, el programa Apolo estuvo marcado por motivaciones políticas. El presidente John F. Kennedy se comprometió a llevar a Estados Unidos a la Luna en un momento en que los avances soviéticos en la carrera espacial generaban preocupación nacional. Su verdadero objetivo no era la exploración científica, sino demostrar el prestigio de la nación. En una conversación con James Webb, jefe de la NASA, Kennedy expresó que “no le interesaba tanto el espacio”; su meta era llegar a la Luna antes que los soviéticos.
Kennedy lanzó esta ambiciosa iniciativa, que resonaba con su famoso discurso en la Universidad de Rice: “Escogimos ir a la Luna no porque fuera fácil, sino porque es difícil”. En 1961, ambas superpotencias carecían de la tecnología necesaria, lo que igualaba el terreno en esta carrera espacial.
Reacción Soviética y Fracaso del N1
Mientras tanto, la reacción soviética fue lenta. El Comité Central no aprobó un programa lunar hasta el verano de 1964, y la financiación fue insuficiente. El cohete N1, destinado a la misión, nunca logró despegar con éxito en sus intentos, lo que llevó al fracaso del programa soviético.
En 1968, el Apolo 8 sobrevoló la Luna y mostró que la Unión Soviética había perdido la carrera. Así, su política se centró en el desarrollo de naves robóticas y en minimizar la competencia, una postura que persistió hasta la era de Gorbachov.
Éxitos de la NASA y Fin del Programa Apolo
Para probar su capacidad, la NASA completó dos alunizajes antes de 1970, con las misiones Apolo 11 y 12. Sin embargo, el interés del público comenzó a declinar, afectado por accidentes y la falta de espectáculo. La llegada de Richard Nixon al poder trajo consigo recortes presupuestarios y la cancelación de las últimas misiones programadas del Apolo, que se debieron en parte al agotamiento del entusiasmo nacional por el programa.
El accidente del Apolo 13 capturó brevemente la atención pública, pero la monotonía de las transmisiones posteriores llevó a que se relegaran las misiones lunares en los medios de comunicación. La NASA, en un intento por revitalizar el interés, incluyó al geólogo Harrison Schmitt en el Apolo 17, marcando un cambio en el perfil de los astronautas.
El Cambio Hacia Estaciones Espaciales
Durante este período, la exploración se trasladó hacia las estaciones orbitales. La Unión Soviética lanzó múltiples laboratorios orbitales, mientras que la NASA desarrolló el programa Skylab y los transbordadores. Estos esfuerzos culminaron en la creación de la Estación Espacial Internacional, pero el interés por la Luna se desvanecía.
Falta de Interés y Nuevos Proyectos
La NASA, tras alcanzar su objetivo inicial, no vio necesidad de regresar a la Luna. Diferentes administraciones americanas propusieron varios programas que no se concretaron, pues muchos fueron cancelados por sucesivos presidentes. La falta de competidores en la carrera por la exploración lunar relegó el tema a un segundo plano.
Resurgimiento del Interés por la Luna
A partir de 2010, el interés por la Luna revivió, especialmente tras el descubrimiento de hielo en cráteres permanentes en el polo sur lunar. La NASA planea que Artemis 3 alunice en 2028, marcando la entrada en una nueva era de exploración lunar.
China también busca participar en esta nueva carrera. Su próxima misión robótica evaluará el cráter Shackleton, donde se espera encontrar hielo. Así, tanto Estados Unidos como China se preparan para futuros alunizajes, en un nuevo capítulo de la exploración espacial.