Reconocimiento de la Esclavitud como Crimen de Lesa Humanidad por la ONU
El 25 de marzo de 2026, la Asamblea General de las Naciones Unidas tomó una decisión histórica al reconocer la trata transatlántica de africanos esclavizados y la esclavitud racializada como el crimen de lesa humanidad más grave. Este importante pronunciamiento busca cerrar una de las disputas más significativas en torno al significado de la historia y las responsabilidades en el presente.
Impacto en África, América Latina y el Caribe
La declaración tiene un significado especial para las regiones de África, América Latina y el Caribe, especialmente tras la celebración del Foro de Alto Nivel CELAC-África, convocado por la vicepresidenta Francia Márquez Mina en representación del gobierno colombiano. Durante este foro, se abordó cómo en estas regiones se consolidaron escenarios de deshumanización y se evidencian las consecuencias actuales, como la desigualdad racial, la exclusión territorial y el racismo estructural.
Legitimación de las Demandas Históricas
Este reconocimiento otorga una fuerza jurídica y política a las demandas históricas de los pueblos afrodescendientes. La resolución vincula el reconocimiento con la justicia, estableciendo que estos crímenes conllevan obligaciones internacionales: verdad, reparación y garantías de no repetición. Esto abre la puerta a agendas concretas de justicia restaurativa que van desde disculpas oficiales hasta inversiones estructurales en comunidades históricamente marginadas.
Desafíos para la Implementación
No obstante, la transición de la declaración a transformaciones estructurales no se producirá de forma automática. Las consecuencias dependerán de la voluntad política de los Estados, ya que muchas resoluciones permanecen en el plano discursivo si no se acompañan de presión social, asignación de recursos y mecanismos de implementación. Existe un riesgo evidente de que esta decisión se reduzca a una victoria simbólica sin impacto material.
Acciones Coordenadas Necesarias
La implementación efectiva de esta resolución requiere acciones coordinadas. Es fundamental que los Estados lideren reformas institucionales y políticas públicas, que los organismos internacionales acompañen y monitoreen el proceso, y que la academia genere conocimiento riguroso y sistemático. Además, es esencial que los movimientos afrodescendientes participen de manera central en el diseño y seguimiento de estas medidas. La agenda debe ser construida de manera concertada con quienes han sufrido las consecuencias de la esclavitud.
Implicaciones para Colombia
En el contexto colombiano, este reconocimiento ofrece una oportunidad para mejorar la conversación con los pueblos afrodescendientes, en especial en regiones como el Pacífico y el Caribe, donde la exclusión ha sido persistente. Además, representa una ocasión para que el sistema judicial identifique sus decisiones a partir de la realidad del racismo hacia las personas afrodescendientes.
El Pasado y la Justicia
Este pronunciamiento subraya que el pasado sigue presente en nuestras sociedades. La pregunta que se plantea es cómo utilizaremos este reconocimiento. ¿Servirá para promover una transformación social o quedará como una mera conmemoración?
Tal como lo expresó Martin Luther King: “El arco del universo moral es largo, pero se inclina hacia la justicia”. La historia ha sido renombrada y la gravedad de la esclavización de las personas africanas ha sido oficialmente reconocida. Ahora, es el momento de que se logre la justicia.
Además, es relevante destacar el cambio en la postura de Brasil, que pasó de abstenerse a votar favorablemente en esta resolución tras el discurso histórico del presidente Lula en el Foro Alto Nivel CELAC-África en Bogotá. Sin este cambio, la conversación en la región sobre esta resolución podría haber sido muy diferente.