En la célebre película Fitzcarraldo, de Werner Herzog, se presenta la impactante escena de un hombre arrastrando un barco por una montaña con el objetivo de llevar la ópera al corazón de la Amazonía. Este acto, aunque delirante, simboliza la lucha del ser humano por imponerse a la inmensidad de la naturaleza. Sin embargo, a pesar de ser conscientes de la imposibilidad de tal hazaña, nos dejamos llevar por la fuerza de ese deseo.
La política y sus promesas
Un fenómeno similar se observa en el ámbito político actual. Las personas optan por ideas absolutas, no por ignorar sus límites, sino porque les permiten soñar con la posibilidad de que la complejidad se pueda superar. Muchos sabían que ningún gobierno podría expulsar en poco tiempo a miles de inmigrantes indocumentados o que un crecimiento económico repentino no se produciría por arte de magia. A pesar de esta consciencia, se mantiene la ilusión de que es suficiente con elegir a alguien para cambiar la realidad.
La caída en la aprobación del Gobierno de José Antonio Kast
La reciente disminución en la aprobación del Gobierno de José Antonio Kast es, por lo tanto, un fenómeno esperado. La promesa de soluciones inmediatas está condenada a generar decepción. En campañas centradas en la urgencia y en la idea de que todo está fallando y debe solucionarse rápidamente, los ciudadanos tienden a votar más por la sensación de alivio inmediato que por un programa político sólido.
La búsqueda de soluciones rápidas
Este planteamiento revela una característica marcante de nuestra época contemporánea. En un contexto donde las utopías son escasas y la confianza en procesos a largo plazo se diluye, existe una necesidad urgente de una dosis de optimismo, un shot de intensidad emocional que haga sentir que el cambio es posible. Sin embargo, es fundamental entender que la realidad avanza a un ritmo diferente.
Experiencia cotidiana versus promesas políticas
Aspectos esenciales como la seguridad, la economía, la salud y la educación no se ajustan a las consigas electoreras. En algún momento, la fantasía electoral se encuentra con la crudeza de la vida real, marcada por índices de homicidio, robos, precios de combustibles y el costo de la vida diaria. Es en esos momentos cuando la política pierde su carácter de promesa y se convierte en una experiencia palpable.
Expectativas y decepciones en la política
No se trata solo de exageraciones o promesas engañosas. Es un fenómeno más complejo: hay una relación de necesidad mutua entre la oferta de soluciones imposibles y la disposición de los ciudadanos a creer en ellas. Los políticos tienden a ofrecer respuestas rápidas porque saben que hay una demanda social por relatos de inmediatez y la ilusión de que el caos acumulado a lo largo del tiempo puede resolverse rápidamente.
La pregunta fundamental
Cuando la fantasía de soluciones inmediatas se enfrenta a la realidad en toda su complejidad, la decepción es casi inevitable, un desenlace esperado. Quizás la verdadera incógnita no sea por qué cae tan rápidamente la aprobación de los gobiernos, sino por qué seguimos depositando en ellos la esperanza de lograr lo imposible.