Prólogo del libro Memoria de luz, publicado por la Corte Suprema de Justicia con ocasión del 40º aniversario del holocausto del Palacio de Justicia.
El impacto del pasado: La memoria del Palacio de Justicia
Los eventos del Palacio de Justicia, que tuvieron lugar el 6 y 7 de noviembre de 1985, han dejado una huella imborrable en la memoria colectiva de Colombia. Estos dos días, marcados por violencia y caos, fueron testigos de múltiples narrativas y manipulaciones mediáticas. A menudo, el recuerdo de estos sucesos se tiñe de confusión, pues cada protagonista buscaba imponer su versión sobre una realidad tan trágica como compleja.
El autor de este prólogo, quien con solo 12 años presenció el inicio de esos trágicos acontecimientos, se enfrenta a las limitaciones de su memoria. Reconoce que la historia del Palacio de Justicia es un símbolo de la lucha contra el olvido y la mentira, y que es esencial para cualquier sociedad democrática entender y aceptar su pasado doloroso.
Recordar y reconstruir la historia
Abordar el pasado, especialmente cuando se trata de experiencias traumáticas, es vital para fomentar una democracia saludable. La correcta comprensión del dolor ajeno no solo rinde homenaje a las víctimas, sino que también promueve el compromiso de evitar que se repitan las atrocidades. La frase del filósofo Georges Santayana, a menudo citada, subraya este punto: “Quienes no pueden recordar su pasado están condenados a repetirlo”. Este matiz resalta la importancia de recordar activamente, transformando los hechos históricos en experiencias personales significativas.
Las imágenes que perduran
Las jornadas del 6 y 7 de noviembre han sido olvidadas con el tiempo, corriendo el riesgo de desvanecerse en la memoria colectiva. A pesar de no haber presenciado muchos pormenores, el autor evoca recuerdos vívidos: la sombra del Palacio consumiéndose en llamas, los tanques en medio de la ciudad y la angustia reflejada en los rostros de los rehenes. Sin embargo, muchos detalles permanecen en la oscuridad, el silencio que rodeó a los sobrevivientes y las historias que se perdieron con los desaparecidos.
La lucha contra el silencio y el olvido
Con el tiempo, los testimonios de ese fatídico acontecimiento han comenzado a emerger, desafiando el silencio que lo rodea. Los relatos, provenientes de diversas voces y recogidos en informes y obras de arte, intentan construir una verdad que permita avanzar. La memoria, al ser reconocida y compartida, puede servir como un camino hacia la sanación, permitiendo que los hechos dolorosos no solo se archive en la historia, sino que encuentren su lugar en la conciencia colectiva.
Hacia una justicia fundamentada en la memoria
La memoria de lo ocurrido en el Palacio de Justicia no solo representa un acto de justicia, sino también un esfuerzo de reconocimiento del dolor colectivo. La verdad sobre estos eventos sigue siendo motivo de debate, y es responsabilidad de los ciudadanos hacer las preguntas necesarias y mantener vivas las historias de quienes sufrieron. Este ejercicio persistente de la memoria es esencial para que la historia del país se cuente desde la justicia, en lugar del odio.