La muerte de Julia Chuñil, una agricultora mapuche de 73 años que había estado desaparecida durante 14 meses, ha revelado una trama sombría. Las investigaciones de la Fiscalía de Los Ríos indican que su hijo, Javier Omar Troncoso Chuñil, podría haberla asesinado tras una fuerte discusión el 8 de noviembre de 2024. “Javier tomó a Julia con sus propias manos hasta causarle la muerte por asfixia”, declaró uno de los cuatro imputados en el caso.
Julia fue vista por última vez en su hogar en la comuna de Máfil, donde vivían sus hijos Javier, Jeannette Troncoso y Pablo San Martín, así como su exyerno, B.F.B.B. Durante este periodo, un anciano de 90 años, N.G.P., fue golpeado y amenazado con un cuchillo por Javier, quien estaba bajo los efectos del alcohol, para que le entregara su pensión de 212.253 pesos chilenos (212 dólares). “¿Y si te mato?», le cuestionó el agresor.
En medio de esta tensión, Julia intervino y le quitó el arma a su hijo. No obstante, en el patio del anciano, Javier estranguló a su madre. Varios testigos relatan que se escucharon gritos de auxilio durante la pelea, seguidos de un silencio inquietante que dio paso a ruidos de golpes.
Hasta hace pocos días, la desaparición de Julia era un enigma. Sus hijos habían promovido la narrativa de que su madre había sido una activista medioambiental y que su desaparición estaba relacionada con conflictos con el empresario forestal Juan Carlos Morstadt. “Estoy impresionado de todo el caso que pasamos, y que me culpaban a mí. Me tenían como culpable y ahora se sabe la verdad”, manifestó Javier en el canal 24 Horas.
En octubre, la abogada de los hijos de Chuñil, Karina Riquelme, denunció al Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH) que la Fiscalía no había manejado correctamente la investigación. Lo hacía basándose en un audio filtrado de una conversación donde se supuso que Julia había sido encontrada quemada, lo que resultó ser falso. Ante esto, el presidente Gabriel Boric clamó por “verdad y justicia”, enfatizando que Julia representaba no solo al pueblo mapuche, sino a la mayoría del país.
Movilizaciones y búsqueda de respuestas
“¿Dónde está Julia Chuñil?”, se leía en carteles diseminados por todo el país. Se llevaron a cabo manifestaciones y movilizaciones exigiendo respuestas del Estado. Aunque algunos grupos sociales apoyaron la versión de la represalia contra una activista, la Fiscalía indicó que no había pruebas que corroboraran su papel como defensora medioambiental.
La fiscal Tatiana Esquivel, durante la formalización de cargos contra los imputados, preguntó: “¿Dónde está Julia Chuñil?”. Hoy, esa pregunta se dirige directamente a los acusados, respaldada por pruebas contundentes. Desde la detención de los cuatro sospechosos, las excavaciones en el terreno donde vivía Julia no han cesado, pero su cuerpo aún no ha sido encontrado.
La Fiscalía sospecha que su cuerpo pudo haber sido ocultado por Javier y sus hermanos, con un testigo que afirma haber visto a Javier y Pablo cargando el cadáver. Según investigaciones, Julia vivía en un entorno de violencia constante, y había compartido con sus vecinos que “la vida en mi casa es un infierno”. También pidió oraciones en dos iglesias evangélicas, sintiéndose amenazada por uno de sus hijos.
El Ministerio Público considera que la violencia en esta familia era un problema persistente, conocido y ya alertado por el sistema de justicia penal. Archivos revisados revelaron que Julia había sido víctima de violencia por parte de sus propios hijos en el pasado. En su hogar, ya había ocurrido otro homicidio; en 2016, un hijo de Julia asesinó a un hombre llamado Sergio Guzmán.
Prisión preventiva y potenciales motivaciones económicas
El Juzgado de Garantía de Los Lagos dictó prisión preventiva para Javier Troncoso, acusado de parricidio; así como arresto domiciliario total para Jeannette Troncoso y Pablo San Martín, acusados de omisión. Además, se impuso arresto domiciliario nocturno para B.F.B.B. La investigación ha sido fijada por un plazo de tres meses.
Los imputados fueron detenidos durante un operativo policial a principios de semana, encontrándose también al anciano que había sido amenazado, quien fue hallado golpeado y desnutrido. Los fiscales aseguran que tras la desaparición de Julia, sus hijos comenzaron a actuar como herederos, vendiendo varios de sus animales, lo que sugiere un posible interés económico en su fallecimiento. Julia había transferido recientemente su terreno a su hijo Pablo, pero con la condición de usufructo vitalicio, que solo se extinguiría con su muerte.