Franco Battiato, a los ocho años, plasmó en una redacción escolar la pregunta «Pero yo… ¿Quién soy?», una inquietud que marcó su vida e inquietó a su profesora. Aunque quedó como una anécdota familiar, esta pregunta lo acompañó durante sus 77 años. En su memoria y su legado, se enmarca la exposición Otra vida, que actualmente se puede visitar en el Museo Maxxi de Roma hasta el 26 de abril. Según Giorgio Calcara, uno de los comisarios de la muestra, Battiato fue un «gigante de la cultura» que exploró diversas facetas: «se expresó a través de la música, la filosofía, la espiritualidad, la pintura y el cine», afirma.
Por primera vez, la obra de Battiato se presenta en un entorno museístico gracias a la colaboración del Ministerio de Cultura Italiano y la Fundación Franco Battiato. La exposición ha generado gran expectativa en Italia, especialmente con el estreno de la película El largo viaje y la publicación de libros como Lavorare con un genio – Franco Battiato raccontato dai suoi artisti. Durante décadas, Gianfranco D’Adda, batería de Battiato, ha contribuido al evento con memorabilia, como el cartel en árabe de una gira y el famoso mono blanco que el artista usaba en el escenario.
Dividida en siete secciones temáticas como Misticismo y Experimentación, la muestra busca reflejar los momentos clave en la vida de Battiato. Aunque es modesta en tamaño, algunos críticos destacan que no se profundiza en los temas importantes. En la década de los 80, Battiato y su tema Busco un centro de gravedad permanente marcaron la pauta musical en Italia y España, mientras que su álbum La voce del padrone lo consagró como el primer artista italiano en superar el millón de discos vendidos. A pesar de su extensa carrera, la exposición se centra en unos pocos éxitos en un espacio sonoro diseñado con tecnología avanzada.
La exposición incluye objetos fascinantes para los seguidores de Battiato, como el primer sintetizador portátil, el EMS Synthi AKS, adquirido por el artista en Londres en 1971, utilizado por otros legendarios como Brian Eno. También se pueden ver pasquines y anuncios de conciertos en los que Battiato, en ocasiones, dejaba al público asombrado al crear sonidos abstractos antes de abandonar el escenario.
Calcara destaca que Battiato dedicaba mucho tiempo a la lectura y la meditación, temas que se reflejan en la instalación de la exposición, que incluye libros y alfombras utilizadas en sus prácticas espirituales. Se proyectan escenas de la vista desde su casa en Sicilia, añadiendo un toque personal al evento. La colección también abarca retratos que Battiato pintó de sus amigos, lo que revela su interés por la pintura.
Sin embargo, algunos se preguntan si las obras de arte expuestas tendrían el mismo tratamiento si no llevaran su firma, ya que Battiato no buscaba la excelencia, sino el acto de crear. Cristina Battiato, sobrina del artista, comenta que su tío era generoso tanto en lo espiritual como en lo material. La exposición presenta una única partitura de los años 60 y carece de documentos que revelen aspectos más personales de su vida, como correspondencia o reflexiones sobre su carrera y su entorno.
La muestra también recuerda a Battiato como un maestro, no solo de la música, sino en su búsqueda de conocimiento y espiritualidad. La complejidad de su carácter se hace evidente en su amistad con figuras como Alejandro Jodorowsky y su conexión con tradiciones filosóficas y espirituales. La exposición, aunque extensa, deja una sensación de que hay mucho más por descubrir sobre la vida y legado de este innovador artista.
Finalmente, Giorgio Calcara resalta que el legado de Battiato reside principalmente en su música, cuya profundidad y poesía resuenan en el corazón de quienes la escuchan.