Héctor: Un Tributo a la Amistad y la Nostalgia

Héctor: Un Tributo a la Amistad y la Nostalgia

Hoy nos encontramos ante una profunda emoción con la pérdida de Héctor, un amigo y un destacado artista. La noticia de su partida llegó a mí a través de su querida Tita, y he recorrido un camino de tristeza por su ausencia, pero también de gratitud por haber tenido la oportunidad de disfrutar y admirar su talento. Recorrer la relación que compartimos durante 22 años en unas pocas líneas es un desafío.

Nuestra colaboración comenzó con la puesta en escena de Yo Claudio, de Robert Graves, en una versión de Alonso de Santos y bajo la dirección de José Carlos Plaza, estrenando en el majestuoso Teatro Romano de Mérida. Fue una obra excepcional para un actor de su talla en el mayor teatro de España.

A partir de ese momento, forjamos no solo una amistad, sino también un estrecho vínculo profesional que dio lugar a otros trabajos memorables. Entre ellos destacan: El túnel, la adaptación de Diego Curatella de la obra de Ernesto Sábato, dirigida por Daniel Veronese; En el estanque dorado, de Ernest Thompson, adaptada por Emilio Hernández y dirigida por Magüi Mira, donde compartió escenario con la inigualable Lola Herrera, quien recientemente compartió que él fue el mejor compañero que ha tenido en la escena española; El padre, de Florian Zeller, que fue una joya bajo la versión y dirección de José Carlos Plaza; así como la adaptación teatral de La sonrisa etrusca de José Luis Sampedro, también dirigida por Plaza.

Con cada montaje, nuestra conexión se fue fortaleciendo, llegando a nuestra última colaboración, posiblemente la más significativa: Una pequeña historia. En esta obra, el vínculo se volvió más personal al contar con la dirección de Ángela Bacaicoa, su amada Tita, quien le permitió compartir momentos cruciales de su vida con el público. Recuerdo aquellos días en los que relataba su llegada a España hace cincuenta años para presentar una película, solo para descubrir que no había aviones de regreso. Durante dos años, recorrimos cada rincón de España, y siempre me insististe en lo esencial que era para ti seguir trabajando como una forma de vivir.

Héctor, aunque ya no compartiremos más escenarios, tu legado humano y profesional perdurará. Dejas un legado imborrable en tus hijos, Malena y Ernesto, quienes seguramente seguirán tus pasos y alcanzarán grandes logros.

Te has ido tal como viviste, con discreción y el cariño tanto del público como de tus colegas de profesión.

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