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La Evolución de la Democracia y el Impacto de la Información en la Era Digital

Las jornadas electorales de antaño despiertan nostalgia en quienes, como yo, crecimos en un ambiente donde la política se vivía en familia. Recuerdo cómo, de niño, acompañaba a mi padre al puesto de votación y la emoción de ver mi dedo marcado con tinta indeleble. Mis primeras elecciones fueron en 1982, cuando Belisario Betancur ganó con su célebre eslogan “Sí se puede”. Desde entonces, mi interés por el proceso electoral y la información que lo rodea no ha hecho más que crecer.

El Panorama Mediático de Ayer

En esos años, los noticieros de televisión tenían posturas editoriales y políticas específicas. Cada familia política contaba con su propio espacio informativo: TV Hoy, 24 Horas y AMPM, entre otros. Los diarios también eran propiedad de familias influyentes, como El Tiempo y El Espectador, y las revistas generaban debates respetuosos. Era una época donde la democracia, a pesar de sus imperfecciones, se sostenía sobre un pacto de confianza en la palabra pública y en los medios de comunicación.

Sin embargo, como bien dice Bob Dylan, “The Times They Are A-Changin.” El panorama ha cambiado drásticamente. Las audiencias se han fragmentado y la forma de consumir información ha evolucionado, llevando a la pérdida de la confianza en los medios tradicionales.

Transformación de la Comunicación y la Política

Hoy, la información se difunde a través de múltiples plataformas, desde redes sociales hasta grupos cerrados. La política se está definiendo mediante memes y tendencias virales, donde la emoción y la rabia tienden a primar sobre los argumentos. La figura del influencer ha cobrado relevancia como un nuevo actor en el discurso público, muchas veces alejándose de la ética periodística, y a menudo sin una preparación formal en análisis crítico.

Esta influencia, alimentada por la inmediatez y la polarización, acaba moldeando la opinión pública. Sin embargo, este nuevo ecosistema digital también ha permitido que narrativas de odio y noticias falsas encuentren un terreno fértil, generando una sociedad más desconfiante y propensa a la desinformación.

Los Desafíos de la Era Digital

La crisis de confianza en las instituciones y el descontento social no son culpa exclusiva de las redes sociales, sino que son consecuencias de problemas más profundos. La desconfianza hacia las élites políticas y los medios tradicionales ha llevado a las audiencias a buscar nuevos voceros, legitimando un subsuelo informativo donde florecen los discursos demagógicos.

Así, se plantea un reto formidable: la necesidad de articular una ética y una crítica ciudadana en la era de la información. Cambiar la forma en que interactuamos con los contenidos digitales es crucial. La educación juega un papel fundamental, promoviendo una ciudadanía más crítica y capacitada para discernir entre información veraz y la desinformación.

Hacia un Futuro Informado

No se trata de idealizar el pasado, sino de aprender de las lecciones de la historia. Los debates políticos de antaño, como el que se vio entre Álvaro Gómez y Luis Carlos Galán, eran ejemplos de argumentación respetuosa. La esencia de la democracia no reside solo en la cantidad de clics que generamos, sino en la calidad del lenguaje que utilizamos para comunicarnos.

Hoy más que nunca debemos restituir el valor del lenguaje en la conversación pública. Recordar que las palabras no están destinadas a la provocación, sino a construir la convivencia es esencial para un futuro en el que todos podamos habitar el mismo mundo, a pesar de los disensos y consensos que nos caracterizan.

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