Beatriz González: referente del arte colombiano fallece en Bogotá
La trayectoria artística de Beatriz González, una de las pintoras más relevantes de Colombia, comenzó de manera inusual: con un dibujo realizado en la cáscara de una mandarina durante su infancia. Este primer reconocimiento, cuando una monja exclamó “¡Una artista, una artista!”, marcó una vida dedicada al arte que se extendió por más de seis décadas. González, originaria de Bucaramanga, falleció el viernes a los 93 años en Bogotá, dejando un legado significativo tanto a nivel nacional como internacional.
Un legado artístico inigualable
La noticia de su fallecimiento ha resonado en diversas instituciones culturales. El Museo de Arte Moderno de Medellín, donde González fue fundamental en su fundación en 1978, recordó su legado como una “brújula” para la institución. Su enfoque, descrito como un “Pop de provincia”, rompió con las convenciones del arte académico mediante la integración de la estética popular, el periodismo gráfico y la cultura material colombiana.
Formación y primeros pasos en el arte
González estudió en la Universidad de los Andes en Bogotá, donde tuvo la oportunidad de aprender de maestros destacados como Juan Antonio Roda y Marta Traba. Durante su formación, se relacionó con artistas como Fernando Botero y Luis Caballero, quienes influyeron en su desarrollo profesional. A inicios de la década de 1960, participó en exposiciones en importantes espacios culturales, entre ellos el Museo de Arte Moderno de Bogotá y el Museo de La Tertulia, en Cali.
Obras emblemáticas
Su primer gran reconocimiento llegó con la pintura Los suicidas del Sisga (1965), que retrata a una pareja que se quitó la vida en una represa cerca de Bogotá. Esta obra, inspirada en una fotografía de prensa, se convirtió en un símbolo del estilo distintivo de González, que abordaba la complejidad social y la violencia en Colombia. A través de su arte, la artista se consolidó como una cronista visual de la realidad colombiana.
Intervenciones significativas
En 2009, presentó su obra Auras anónimas en el Cementerio Central de Bogotá, donde se encuentran miles de personas no identificadas fallecidas en el contexto del conflicto armado. Esta monumental intervención, que consistía en 10.000 lápidas, buscaba rendir memoria a las víctimas. González afirmaba que su propósito era ofrecer un espacio para el duelo y la reflexión sobre la vida y la muerte en Colombia.
Reflexiones sobre el arte y la memoria
La propuesta artística de González se caracterizaba por interpelar a la sociedad, abordando la violencia y el olvido en Colombia. En 2022, subrayó la importancia de mantener la memoria viva ante la tendencia al olvido, afirmando que su obra debía servir para fomentar la reflexión en una sociedad marcada por la historia. Sus palabras resonaban como un llamamiento a la acción: “Yo no solamente tengo los ojos muy abiertos, sino que quiero que la gente los abra”.
El fallecimiento de Beatriz González representa una pérdida irreparable para el mundo del arte y la cultura en Colombia. Su legado perdurará en cada obra y en la memoria colectiva de un país en constante búsqueda de su identidad.