Estafas en el Triángulo de Oro: La historia de un joven atrapado
“Cuando llegábamos a la oficina, escuchábamos a un hombre gritarnos eslóganes con un micrófono: ‘Feliz trabajo, feliz ganar dinero, feliz volver a casa’, repitiéndolo tres veces. Luego, comenzábamos nuestra jornada”, relata Mohammad Muzahir, un joven indio de 23 años. A veces, incluso se animaban con la famosa canción We Will Rock You, de Queen. Su misión diaria era clara: estafar a occidentales adinerados.
La oficina y la mafia china
La oficina donde Muzahir fue forzado a trabajar se encontraba en Laos y estaba controlada por un grupo mafioso chino. Este informático, víctima de un secuestro mediante una oferta laboral falsa, estuvo atrapado durante meses. A pesar de su situación, logró recopilar información y denunciar la operación a un periodista de la revista Wired.
Estafas masivas en el Triángulo de Oro
Desde las oficinas del Triángulo de Oro, que limita Laos, Myanmar y Tailandia, se orquestan estafas románticas y de criptomonedas por valor de miles de millones de euros. La inteligencia artificial juega un papel crucial en estas operaciones, facilitando todo el proceso mediante traducciones, deepfakes para llamadas y sugerencias para realizar conversaciones.
Muzahir explica el uso de herramientas de IA: “Pedimos a ChatGPT que nos dé apellidos comunes de personas que hablen español en Estados Unidos”. Con esta información, contactaban a cientos de personas en plataformas como Facebook, iniciando conversaciones con falsos elogios y preguntas sobre sus vidas.
La gran maquinaria del fraude
A pesar de la asistencia de la inteligencia artificial, esta operación depende de un trabajo humano intensivo. Muzahir y otros cien empleados estaban obligados a contactar a al menos 100 personas al día, lo que se traducía en 10,000 contactos diarios solo desde su oficina. Este «ejército del fraude» no era único; en septiembre, China ejecutó a 11 miembros de una banda que operaba desde Myanmar, encargada de fraudes en línea, prostitución y producción de drogas.
Los trabajadores enfrentaban amenazas severas si intentaban escapar; Muzahir fue liberado, aunque todavía teme por su seguridad en India. “No les tengo miedo, pero está claro que intentarán hacerme daño. Hay muchas organizaciones criminales en todo el mundo”, comenta.
Documentos reveladores
A principios de febrero, Reuters visitó una de las oficinas abandonadas debido a un conflicto fronterizo entre Tailandia y Myanmar. Allí, encontraron documentos que incluían perfiles de víctimas, incluyendo un jubilado japonés de 73 años, junto con guiones para estafas y suplantación de la policía.
Muzahir extrajo miles de documentos y capturas que revelan el proceso del fraude en línea. “Desde el primer día, la conversación está destinada a crear confianza. Hay que evaluar al cliente para identificar si tiene dinero y establecer una relación que permita presentar las excusas ideales para mantener la comunicación”, detalla un documento que encontró.
Hook y manipulaciones emocionales
El objetivo es persuadir al cliente para que invierta. La estrategia puede incluir compartir supuestas inversiones en oro digital o ingresos pasivos. Los estafadores están preparados para cualquier pregunta, incluso defendiendo por qué el cliente debería realizar transferencias a pesar de las dificultades bancarias.
La edad de las víctimas también es un factor crucial. Si son mayores, los estafadores se hacen pasar por amigos o familiares, manipulando emociones para atraerlos. “A veces se ríen al descubrir que un cliente llora por haber perdido todo”, menciona Muzahir. Para las víctimas más jóvenes, la seducción es la táctica preferida, ofreciéndoles sueños de encuentros en lugares exóticos.
La vida en la oficina de fraude
Muzahir debía parecer productivo mientras realizaba tareas que en su mayoría no resultaban exitosas, acumulando multas por falta de resultados. A pesar de sus esfuerzos, confiesa que solo logró estafar pequeñas cantidades. “Mi función era generar contactos y luego pasar a WhatsApp, donde el jefe se encargaba de la comunicación”, explica.
Los estafadores utilizan múltiples cuentas de redes sociales, enviando solicitudes y mensajes cada día. “Es una manera despiadada de buscar oro, tratando de desechar la arena para encontrar pepitas”, comenta Muzahir, advirtiendo sobre la creciente sofisticación de las estafas. “La mafia opera a nivel global y cada día inventan nuevas tácticas. Solo si todos alzamos la voz contra estas prácticas habrá una oportunidad de enfrentarlas”, concluye.