El Virus del Miedo: Impacto y Consecuencias en la Sociedad Actual

El Virus del Miedo: Impacto y Consecuencias en la Sociedad Actual

En la década de 1970, Guadalajara, la capital de Jalisco, se encontraba sumida en una ola de violencia que se manifestaba en cada rincón de la ciudad. Las balaceras eran tan comunes que sus habitantes aprendieron a diferenciar el sonido de las balas, distinguiendo entre las disparadas por las autoridades y las que provenían de los grupos rivales.

La situación de violencia se complicaba aún más por una historia de enfrentamientos entre policías y organizaciones con reivindicaciones sociales. En este contexto, la línea entre el bien y el mal se tornaba difusa; sin embargo, esta dualidad no incrimina a la población tapatía, que ha desarrollado una resistencia al miedo ante el constante acecho del crimen organizado y la aparente ineficacia del Gobierno.

Un hecho que marcó la memoria colectiva es el secuestro de un agente de la DEA a manos de los esbirros de Caro Quintero, un crimen que llevó a la tortura y muerte del agente en un lugar vinculado a un ex presidente. Este episodio simboliza la brutalidad del narcotráfico en la región.

En mayo de 1993, la ciudad vivió otro momento trágico: la muerte del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, quien fue asesinado en el aeropuerto Miguel Hidalgo en lo que las autoridades describieron como una confusión con Joaquín El Chapo Guzmán. Este asesinato dejó a la ciudad en un estado de parálisis y miedo generalizado.

Otro evento que reflejó la vulnerabilidad de la población fue la explosión del colector en el Sector Reforma el 22 de abril de 1992, que costó la vida a más de doscientas personas y convirtió la noche en un silencio aterrador.

El reciente fallecimiento de Nemesio Oseguera, conocido como ‘El Mencho’, generó un ambiente de inquietud en Guadalajara. A pesar de su ausencia, el poder del narcotraficante se mantuvo palpable a través de los narcobloqueos que estallaron en reacción a su muerte, lo que sugiere que el peligro sigue latente.

La reacción de la ciudad ante estos eventos es caracterizada por un sentimiento de desconfianza y alerta; tras la muerte de ‘El Mencho’, las calles de Guadalajara amanecieron prácticamente vacías, con la población eligiendo permanecer en casa. Los escasos automóviles que circulaban eran de clase baja, evidenciando un temor que se ha vuelto cotidiano.

Las miradas de desconfianza y la sensación de peligro invadieron las aceras, creando una atmósfera similar a la de épocas de pandemia, donde el otro se percibe como un riesgo. La incapacidad de confiar en las autoridades y en el entorno lleva a la población a un estado de reclusión.

Aunque con el paso de las horas algunos comenzaron a salir, la experiencia reciente del miedo convirtió cualquier actividad normal en un acto valiente. A medida que los negocios reabren y las calles vuelven a mostrar señales de vida, la incertidumbre persiste. La población es consciente de que la amenaza del crimen nunca desaparece completamente.

Guadalajara ha tenido que adaptarse a un escenario donde los criminales han expandido sus operaciones y mercados, mientras que la respuesta del Gobierno apenas es perceptible. Esto ha generado un ciclo donde el miedo se vuelve parte de la vida cotidiana, un recuerdo persistente de que el peligro siempre puede regresar.

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