Violencia en Buenos Aires, Cauca: Un ataque armado antes de Navidad
El municipio de Buenos Aires, en el norte del Cauca, se convirtió en escenario de una de las agresiones más violentas de su historia reciente. Este 16 de diciembre, a menos de una semana de Navidad, el pueblo quedó paralizado por un ataque armada, perpetrado por el frente Jaime Martínez, un grupo disidente de las extintas FARC que opera bajo el mando de Iván Mordisco. Durante más de nueve horas, cientos de combatientes desataron la violencia en la sede de la Policía municipal, dejando a 17 uniformados aislados y sin apoyo.
Un enfrentamiento sin auxilio
A solo una hora de Cali, los combatientes interrumpieron la paz de la jornada con ráfagas de fusil y explosiones. La comunidad, aterrorizada, clamó por ayuda en redes sociales, pero la respuesta del Ejército llegó con un retraso de cinco horas. Mientras tanto, los habitantes se refugiaron en sus casas, incapaces de comprender la magnitud de lo que estaba ocurriendo.
Rastros de la violencia en el barrio Calicanto
Los ecos de la guerra y el miedo resuenan en el barrio Calicanto, donde los escombros permanecen como un doloroso recordatorio. En la calle del ataque, los casquillos de fusil son pisados inocentemente por niños que pedalean por la zona. Ocho policías resultaron heridos, refugiándose en un búnker subterráneo diseñado para emergencias. “Desde ese día no se escucha la pólvora de las fiestas de diciembre”, comenta un residente, su voz reflejando el trauma colectivo.
El ambiente tenso en la iglesia
La ofensiva comenzó a minutos de un rosario tradicional en la parroquia local. La música fue interrumpida por el sonido de los disparos y una amenaza emitida desde un megáfono: “Tienen diez minutos para desocupar”. A pesar de las advertencias, muchos permanecieron en sus hogares, aterrorizados por la invasión.
La respuesta de la comunidad
Una vez que los disidentes tomaron el control de seis viviendas adyacentes a la estación de Policía, dispararon desde sus posiciones. En medio del caos, un cilindro bomba cayó cerca de la iglesia, causando daños pero sin víctimas. Esta situación trae a la memoria el recuerdo trágico del ataque en Bojayá en 2002, donde más de 80 personas perdieron la vida. Aunque esta vez no hubo muertos, el miedo se desperdigó en la comunidad.
Historias de supervivencia
Durante el ataque, Elba y Constantino, una pareja de ancianos, lograron esconderse antes de ser evacuados en medio del caos, mientras otros vecinos también buscaban refugio. “Hoy es un buen día para morir”, les dijeron los atacantes. Tras escuchar las amenazas, la familia de Elba caminó por el monte, levantando toallas para señalar que eran civiles, tratando de escapar del horror.
Las pérdidas materiales y emocionales
El impacto del ataque dejó varias casas destruidas, con habitantes que retornan solo para encontrar sus vidas hechas cenizas. Humberto Chavestán, un minero local, relató cómo su familia perdió todo en el incendio que consumió su hogar. La angustia se incrementa con el conocimiento de que el Ejército no llegó a tiempo para prevenir la tragedia.
Consecuencias y la incertidumbre continua
Buenos Aires, con una población aproximada de 30,000 habitantes, ha sido históricamente un punto estratégico en la economía del Cauca, donde la minería y la producción de coca marcan su actividad. A pesar de haber evitado ataques en el pasado, la llegada de los disidentes crea una atmósfera de alarma. Las advertencias sobre un posible ataque habían circulado, pero fueron desestimadas por la mayoría de los residentes.
La respuesta de la comunidad ante la crisis
El líder de la guardia cimarrona de Cerro Teta, Alexis Balanta, expresó su preocupación por el bienestar de la comunidad. Mientras él y otros organizan un esfuerzo de limpieza, el miedo persiste. La vida cotidiana ha sido alterada, y la iglesia local aún se llena de fieles, marcando un contraste entre la fe y la violencia que asola el pueblo.
El conflicto en el Cauca sigue, con disparos que resuenan en la distancia, mientras los habitantes intentan reconstruir sus vidas en medio de la incertidumbre. La historia de Buenos Aires no termina aquí; la lucha contra la violencia es continua y urgente.