La trágica muerte de un ‘streamer’ en un reto de drogas
La muerte de Sergio Jiménez, un ‘streamer’ de 37 años, ha sacudido el mundo de las redes sociales en España. Jiménez falleció el pasado 31 de diciembre en Vilanova i la Geltrú, Barcelona, mientras participaba en un reto en directo que involucraba el consumo de drogas y alcohol. Este incidente marca la primera muerte de este tipo en el país, siendo un grave reflejo de los riesgos asociados a las plataformas de streaming.
Investigación en curso
Los Mossos d’Esquadra están llevando a cabo una investigación sobre las circunstancias de la muerte de Jiménez, evaluando la posibilidad de responsabilidad delictiva. Actualmente, el juzgado espera los informes de la autopsia, que se prevé tarden al menos tres semanas en estar disponibles, con el objetivo de determinar si la causa del fallecimiento fue una sobredosis.
Simón Pérez y su polémica influencia
Durante un directo en YouTube en octubre, Simón Pérez, conocido por hablar sobre hipotecas y su consumo de drogas, presentó a Jiménez de manera poco convencional. A pesar de solicitar a su audiencia que tratara bien a Jiménez, muchos comenzaron a animarlo en sus actos autodestructivos. En posteriores declaraciones, Pérez expresó remordimientos, insinuando que sin su influencia, Jiménez podría no haber participado en esos directos fatales.
El papel del público en la cultura de los retos peligrosos
El público desempeña un rol crucial en esta problemática. Algunos seguidores simplemente veían resúmenes, mientras que otros estaban dispuestos a pagar entre 30 y 100 euros por participar en videollamadas donde se fomentaban actos riesgosos de consumo de drogas. Estos «donadores» desarrollaron una relación tóxica con los ‘streamers’, incentivando comportamientos dañinos. Pérez mencionó que algunos de ellos incluso facilitaban la compra de droga, influyendo directamente en las decisiones que tomaban los ‘streamers’.
El peligro de las comunidades de ‘streamers’
Arthur Ehlinger, profesor universitario, señaló que estas comunidades no solo ofrecen entretenimiento, sino que también normalizan conductas perjudiciales. Con el tiempo, los espectadores se vinculan, creando un ambiente donde lo dañino se convierte en parte de la dinámica grupal. Según Sanjram Premjit Khanganba, experto en el tema, el anonimato de internet permite que muchas personas se comporten de manera extrema, algo que no ocurre en interacciones cara a cara.
Desafíos para la regulación
La complejidad de la situación se ve agravada por el hecho de que muchos de estos ‘streamers’ se han trasladado a plataformas privadas como Google Meet o Telegram. Esto dificulta el control y regulación de su actividad, dejando a las autoridades con pocas herramientas para actuar. La interacción y el incentivo monetario que reciben estos ‘streamers’ son difícilmente regulables, lo que permisibiliza conductas que podrían resultar mortales.
La muerte de Sergio Jiménez pone de relieve la necesidad urgente de abordar los riesgos asociativos a los ‘streamers’ y sus audiencias. A medida que las plataformas continúan siendo un espacio donde se fomenta el comportamiento autodestructivo, la responsabilidad recae tanto en los creadores de contenido como en sus seguidores.