Escapando de La Nueva Esperanza: Historias de valentía entre los menonitas de La Pampa
El 17 de enero, Elizabet Bueckert, una mujer de 33 años, susurró a su caballo alazán mientras su carro avanzaba rápidamente por la colonia menonita ortodoxa La Nueva Esperanza en La Pampa, Argentina. Después de pasar horas refugiada con sus hijas, María y Anna, ante los abusos de su marido, decidió que era hora de escapar. Con un bolso de ropa, dinero ahorrado y su celular oculto, envió un mensaje a su amiga Katherina Neufeld para avisar que se iba. Su marido intentó detenerlas sosteniendo las riendas del caballo, pero el animal, enérgico como ella, se liberó.
Elizabet y sus hijas hicieron una parada en el taller de Pedro, un joven con quien había planeado huir, y luego se dirigieron hacia Katherina, quien había preparado un coche para liberarse de la misma colonia. En el camino, seis niños, junto a los tres adultos, se acomodaron en el vehículo, desapareciendo lentamente en el horizonte de la llanura pampeana.
Contexto histórico de La Nueva Esperanza
La colonia menonita La Nueva Esperanza, donde actualmente residen casi 2,000 personas, fue establecida en 1985 por un grupo de ortodoxos que emigraron desde México. Buscaban un lugar que les permitiera vivir según sus estrictos preceptos religiosos. Para ello, exigieron al Estado argentino aceptar su idioma, eximirlos del servicio militar y permitir que sus niños no asistieran a la escuela.
Cumpliendo con su parte del acuerdo, los menonitas adquirieron unas 10,000 hectáreas de tierras y comenzaron a establecer su comunidad. A pesar de enfrentar sequías, lograron desarrollar una economía próspera con más de 140 metalúrgicas que producen silos para todo el país, empleando tanto a menonitas como a habitantes de la zona. Aunque la colonia no está físicamente cerrada, la salida y entrada de sus miembros están estrictamente vigiladas y reguladas.
Historias de mujeres que se atreven a escapar
A lo largo de los años, solo una mujer, María Unger Reimer, había logrado escapar de La Nueva Esperanza antes del 17 de enero. Su primer intento, a los 16 años, fue frustrado por la policía junto a su familia, quienes la llevaron de regreso y la castigaron severamente. Tras varios intentos, finalmente dejó la colonia en 2019, trasladándose a Tucumán, donde vive con sus hijos.
Elizabet y Katherina forman parte de un pequeño número de mujeres que han demostrado una valentía notable en la colonia. Las historias de todas implican infancias marcadas por la violencia, adulterios y la opresión de una comunidad que reprime cualquier descontento. Katherina, quien ahora cuida de sus hijos en Santa Rosa tras su escapatoria, ha comenzado el proceso de integración escolar en el sistema educativo argentino.
Desafíos en la vida fuera de la colonia
Una vez fuera del entorno menonita, las mujeres enfrentan desafíos significativos. Mientras Elizabet y Katherina intentan reconstituir sus vidas, enfrentan el acoso continuo de antiguos miembros de la colonia. Katherina, quien ha perdido a sus hijos varones temporalmente, busca recuperarlos mientras lidia con recuerdos y pensamientos de violencia que experimentó en su hogar.
Por su parte, María también lidia con las tensiones familiares, pues, aunque ha conseguido la custodia de sus hijas, las adolescentes optan por permanecer en la colonia debido a la manipulación de la comunidad y el contexto cultural que las rodea.
Reflexiones sobre la identidad cultural y las prácticas abusivas
Los desafíos que enfrentan estas mujeres no son solo económicos, sino también culturales. Las prácticas y normas que se imponen a las mujeres en la colonia limitan su autonomía y opciones. La comunidad es celosa de su identidad, y cualquier desviación de las normas puede llevar a severas represalias.
Martín Saravia, defensor general de La Pampa, señala que la identidad cultural no puede ser utilizada como justificación para vulnerar derechos humanos. Las mujeres menonitas a menudo carecen de las habilidades necesarias para adaptarse al mundo exterior, lo que incrementa su vulnerabilidad ante la ley y la sociedad.
Las historias de Elizabet, Katherina y María resaltan la valentía indiscutible de estas mujeres al buscar una vida libre de violencia y abuso. Su determinación para salir del entorno opresivo de La Nueva Esperanza es un testimonio del deseo de búsqueda de una vida mejor.