El botón de nácar: símbolo del horror de la dictadura de Pinochet

El botón de nácar: símbolo del horror de la dictadura de Pinochet

La memoria de las violaciones masivas de los derechos humanos durante la dictadura en Chile está representada en un pequeño botón de nácar. En Villa Grimaldi, uno de los centros de tortura más emblemáticos del régimen de Augusto Pinochet (1973-1990), se conserva un riel de ferrocarril utilizado para atar los cadáveres de las víctimas del terrorismo de Estado, arrojados al mar.

Entre cientos de cuerpos lanzados al océano Pacífico, solo uno fue encontrado: en septiembre de 1976, el de Marta Lidia Ugarte Román, asesinada a los 42 años. Este hecho se convierte en un símbolo en el impactante documental Botón de nácar, del cineasta Patricio Guzmán, donde este pequeño objeto se muestra como el último recuerdo de una persona desaparecida y una testamentaría de la represión que segó la vida de al menos 3.200 chilenos.

La contemplación de este botón, ampliado por una lupa, invita a reflexionar sobre el abismo representado por la dictadura de Pinochet. Villa Grimaldi, ubicada en Santiago de Chile a los pies de la Cordillera de los Andes, se ha transformado desde 1997 en un museo de la memoria. Este centro, junto a otros espacios en la capital, como el estadio Nacional y el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, recuerda el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973, que derrocó al gobierno de Salvador Allende, y visibiliza las atrocidades cometidas durante esos años. Actualmente, se conservan 1.168 lugares de memoria en todo Chile.

La dictadura chilena emitió una ley de amnistía en 1978, abarcando los primeros cinco años más sangrientos. Sin embargo, con la llegada de la democracia en 1990, se establecieron dos comisiones de verdad que juzgaron a varios verdugos de la dictadura, algunos de los cuales siguen en prisión. En Villa Grimaldi, se detuvieron a 4.500 prisioneros políticos, incluyendo a la ex presidenta Michelle Bachelet y su madre, Ángela Jeria. Las cifras revelan que 239 de esos presos fueron desaparecidos y ejecutados. El sitio ha sido reconstruido para incluir una torre de madera donde se sometía a los detenidos a torturas, así como un panel con los rostros de algunos de los torturadores, como Miguel Krassnoff, condenado a más de 1.000 años de cárcel por crímenes de lesa humanidad.

En el contexto actual, la figura del ultraderechista José Antonio Kast, del Partido Republicano, plantea preocupaciones sobre el futuro de la memoria histórica en Chile. Kast, que se perfila como favorito para las elecciones presidenciales del 14 de diciembre, ha cuestionado públicamente las acusaciones contra Krassnoff, generando temores sobre una posible revisión de la historia de la dictadura. En su declaración del 1 de diciembre, aclaró que no apoya la delación compensada, abogando por un enfoque más humanitario hacia los condenados.

Líderes de centros de memoria como Villa Grimaldi expresan su inquietud frente a la posibilidad de que se intente desdibujar la historia de represión en caso de que Kast triunfe en las elecciones. La inseguridad, un tema candente en la actual campaña electoral, y el enfoque hacia el pasado, dividen a la sociedad chilena, un debate que suscitó ecos similares en España.

La izquierda enfatiza la importancia de conservar estos espacios como un recordatorio del “nunca más” y la necesidad de seguir buscando justicia. En contraste, muchos candidatos de la derecha sugieren que se deben cerrar “heridas” pasadas, e incluso defienden el legado de la dictadura. El silencio de Kast durante la campaña de 2025 sobre sus opiniones anteriores es notable, pero su afirmación de que Pinochet hubiera votado por él refleja un intento de minimizar la historia reciente.

María Fernanda García Iribarren, directora del Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, subraya la relevancia de estos espacios culturales en la construcción de un consenso sobre el pasado. En su página web, Villa Grimaldi expresa su preocupación por lo que podría ocurrir bajo un gobierno de Kast, afirmando que “los discursos de candidatos de la derecha representan una amenaza real para los avances logrados en la defensa de los derechos humanos.”

El museo, que fue inaugurado en 2010, tiene como objetivo evitar la repetición de la historia de represión. Actualmente, alberga exposiciones no solo sobre el pasado chileno, sino también sobre realidades contemporáneas, como la situación de los niños secuestrados en Ucrania y la historia de Hiroshima y Nagasaki.

Antes de ingresar a Villa Grimaldi, los visitantes pueden apreciar una obra del escultor Alfredo Jaar que los invita a reflexionar sobre las memorias más dolorosas del siglo XX. Al interior del museo, un panel expone las fotografías de muchos asesinados y desaparecidos, permitiendo a los visitantes activar biografías y encender velas virtuales en homenaje a las víctimas.

La historia de Villa Grimaldi se entrelaza con el árbol de ombú que sobrevive en el lugar, símbolo de memoria y de terror, recordando cómo algunos prisioneros eran colgados de sus ramas. Aunque no existen imágenes de su funcionamiento como centro de tortura, los relatos de sobrevivientes marcan su historia. El portón cerrado al inaugurarse el museo se erige como un poderoso símbolo de que nunca más se abrirá esa puerta al infierno, no solo en Villa Grimaldi, sino en todo Chile.

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