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El freno de Estados Unidos a la importación de aguacate debido a la violencia en Michoacán es un nuevo fracaso de seguridad de México.
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El comercio de aguacate entre México y Estados Unidos refleja la compleja relación de dependencia y tensiones que existen entre ambos países. En 2025, México exportó aguacate al mercado estadounidense por un valor de 3,600 millones de dólares, consolidándose como el segundo producto alimentario más exportado a EE. UU. Este flujo comercial ha crecido continuamente, impulsado por la demanda generada por la revolución gastronómica en torno al llamado oro verde. Estados Unidos, al no poder satisfacer su demanda interna, depende de México como proveedor clave.
La violencia en Michoacán y sus consecuencias
Michoacán es responsable de más del 88% de la producción de aguacate en México y cuenta con la certificación de Estados Unidos para exportar. Sin embargo, este estado también es un territorio marcado por la violencia debido a la presencia de múltiples cárteles y organizaciones criminales. Estas entidades no sólo se dedican al tráfico de drogas, sino que también extorsionan a las industrias prósperas, lo que ha generado un riesgo importante para los negocios locales. A pesar de los esfuerzos del gobierno para aumentar la seguridad, la violencia persiste y ha impactado la producción de aguacate.
Parálisis en las exportaciones de aguacate
La semana pasada, Estados Unidos suspendió temporalmente las importaciones de aguacate, retirando a sus inspectores agrícolas de Michoacán debido a preocupaciones de seguridad. Esta decisión afectó a alrededor de 200,000 trabajadores en la región. Aunque dos días después se reanudaron parcialmente las actividades, el camino hacia la normalidad ha sido lento. Este tipo de interrupciones no son nuevas; ya sucedieron en 2022 y 2024, lo que resalta la incapacidad de México para ofrecer un entorno seguro para las operaciones comerciales, a pesar de conocer la situación de antemano.
Desafíos persistentes para el Gobierno mexicano
El Gobierno de México enfrenta un reto constante en Michoacán, donde la violencia se entrelaza con la vida cotidiana, la política y la economía. Existen iniciativas, como el Plan Michoacán, diseñadas para abordar estos problemas, pero la impunidad reina, evidenciada por el asesinato de funcionarios locales y líderes empresariales. La capacidad de los grupos criminales para amenazar a inspectores estadounidenses y controlar sectores económicos jugosos pone en tela de juicio la efectividad de las políticas de seguridad.