Tras la primera vuelta presidencial en Chile, los efectos del ajustado resultado para la candidata de izquierda, Jeannette Jara, empiezan a manifestarse con claridad. Una de las primeras reacciones provino de Paulina Vodanovic, senadora y presidenta del Partido Socialista (PS), quien en diversas entrevistas sugirió la inminente disolución de la alianza entre el PS y el Partido por la Democracia (PPD). Este diagnóstico, marcado por un tono crítico, señala que ambos partidos, que forman parte del Socialismo Democrático, carecen de intereses comunes, lo que hace insostenible su unión.
A pesar de que el Socialismo Democrático logró obtener 20 diputados en las elecciones parlamentarias coincidiendo con la primera vuelta presidencial, lo que parece un resultado positivo frente a los 17 del Frente Amplio y los 11 comunistas, las fracturas en la izquierda son evidentes. Vodanovic catalogó como incómodo el uso del término «centro-izquierda» para describir el Socialismo Democrático, argumentando que este término diluye la verdadera identidad del PS, que se define como un partido de izquierda. Este llamado a la reflexión se añade a las dificultades que enfrenta Gabriel Boric, quien, tras una caída en popularidad y una gestión valorada negativamente, deberá replantearse su futuro político.
Un aspecto llamativo de esta situación es la velocidad con que se ha emitido este «certificado de defunción» para el Socialismo Democrático, sin considerar la resiliencia del PPD y del Partido Demócrata Cristiano (PDC), considerados por algunos analistas como partidos en declive. El PS, pese a haber perdido cerca de la mitad de su base electoral en la última década, aún presenta una notable capacidad de negociación y una fuerte identidad cultural que podría influir en su recuperación.
Un elemento importante que se deja entrever es la necesidad de un nuevo enfoque para la izquierda chilena. En este sentido, el PS planea celebrar una Conferencia Nacional de Programa en 2026, donde es necesario discutir cómo interpretar la reciente derrota electoral y los factores que han llevado a esta crisis. Desde cuestiones globales hasta las consecuencias del estallido social de 2019 y el retorno al voto obligatorio, se requiere un análisis profundo que aborde estos desafíos.
Además, el PS enfrenta el reto de redefinir su ideología y estructura interna. La decisión sobre el formato del encuentro (conferencia o congreso ideológico) será crucial para establecer un debate sincero acerca de su futuro y el de las restantes fuerzas de izquierda. Desde 1990, el PS ha gobernado desde una perspectiva socialdemócrata, pero rara vez ha explicitado su ideario, lo que hace necesario que ahora encare su identidad doctrinaria de manera clara.
Por otro lado, el PPD también se enfrenta a grandes retos, dado su carácter endeble y su escasa presencia en la sociedad. Su desafío es diferenciarse y plantear debates significativos sobre los grandes temas que marcarán el futuro, incluyendo la tecnología, el medio ambiente y la evolución de la sociedad.
A pesar de la posible desaparición del Socialismo Democrático, es esencial que los actores de esta izquierda comprendan que un nuevo paradigma social está en gestación. La incertidumbre sobre el futuro es palpable, pero la necesidad de adaptarse es inminente.