El Silencio de la Diáspora Venezolana en Doral, Florida
A media mañana en El Arepazo, uno de los cafés más emblemáticos de la comunidad venezolana en Doral, Florida, la atmósfera es inusualmente contenida. Las pantallas, que antes mostraban noticias de la política caraqueña, ahora transmiten partidos de béisbol y canales de noticias estadounidenses. Los clientes entran, piden café, arepas o cachitos, y se marchan sin detenerse. Las discusiones políticas han desaparecido de las mesas; la palabra “intervención” es menos pronunciada que antes.
Un Cambio en las Conversaciones
Donde antes las conversaciones sobre Venezuela eran parte del paisaje diario, ahora la incertidumbre reina. “La gente prefiere permanecer callada,” comenta un empleado mientras limpia una mesa desocupada. “Solo por si acaso.” El miedo a represalias del gobierno de Nicolás Maduro, la preocupación por familiares en el país y la prudencia de quienes aún tienen casos de inmigración pendientes en Estados Unidos, son factores que llevan al silencio.
“No sabemos oficialmente lo que está ocurriendo. Solo lo que han dicho las fuentes oficiales: problemas con el espacio aéreo, cancelaciones de vuelos y una presencia marítima estadounidense para desmantelar grupos armados vinculados al narcotráfico,” dice Osmán Aray, un venezolano residente en Doral, el municipio con la mayor concentración de venezolanos en Estados Unidos, donde más del 30% de la población es originaria de Venezuela. Este lugar ha sido apodado “Doralzuela”.
Operación Militar en el Caribe
La operación militar estadounidense en el Caribe, presentada oficialmente como una táctica de presión contra el llamado Cartel de los Soles, ha desatado un debate que se lleva a cabo en círculos reducidos: ¿Es necesaria una intervención militar en Venezuela?
En las calles de Doral, coexisten dos posturas: quienes aún defienden la vía diplomática y quienes consideran que, tras más de 15 años de crisis, esa opción está agotada. Gaby Perozo, una periodista destacada y en el exilio por más de una década, sostiene sin titubear que “es absolutamente necesaria” una posible operación internacional para restaurar la democracia en el país.
Opiniones Divididas
Perozo aboga por una “intervención quirúrgica”, rápida y eficaz, alejada de la idea de una ocupación prolongada. “Nadie quiere una intervención militar, pero los venezolanos hemos hecho todo lo posible dentro de nuestras capacidades,” afirma. Su familia en Venezuela comparte esta preocupación y ansían un cambio que beneficie a las futuras generaciones.
Por otro lado, Francisco Poleo, un empresario de 35 años, aún alberga esperanzas de diálogo, reconociendo que la guerra podría tener consecuencias devastadoras. “La mejor opción sería que Nicolás Maduro reconozca los resultados de las elecciones del 28 de julio de 2024, a las que perdió abrumadoramente, y renuncie,” menciona, aunque admite que ese escenario es complicado de lograr.
Un Grupo de Indecisos
También existe un grupo indeciso entre los exiliados. “No quiero una guerra ni una invasión, pero si hemos agotado todas las opciones—diálogo y elecciones—no hay más alternativas,” expone un miembro de esta comunidad, que pide anonimato debido a sus vínculos familiares en Caracas. Este sentimiento de desesperanza se extiende entre muchos que han participado en protestas y marchas sin ver cambios significativos.
En Doral, Johana Reyes, trabajadora en una distribuidora de frutas, agrega una perspectiva diferente: “Trump no es un belicista, pero no trata con diplomáticos; enfrenta a criminales. Y los criminales no se rinden pacíficamente.” A pesar de los retos, confía en que la presión económica y militar eventualmente surtirá efecto.
La Influencia de Trump en la Comunidad Venezolana
Las discusiones sobre la intervención militar se entrelazan con las emociones que la política estadounidense genera en la comunidad de exiliados. Para muchos, la crisis venezolana no solo se comprende en términos del Caribe, sino también desde Washington, donde Donald Trump se erige como una figura clave. En 2020, recibió un fuerte respaldo de la comunidad venezolana en el sur de Florida, atraídos por su retórica contra Maduro.
Sin embargo, la reciente decisión de cancelar el Estatus de Protección Temporal (TPS) para más de medio millón de venezolanos ha causado un notable descontento. Muchos en Doral sienten que esta medida es una “decepción” e incluso una “traición.” “Eliminar el TPS de un país que acaba de designar como organización terrorista no tiene sentido,” dice Poleo.
Esperanzas para el Futuro
A pesar del descontento, existe la esperanza de que un cambio político real en el Palacio de Miraflores podría cambiar las percepciones sobre la administración de Trump. “Si Trump logra el cambio en Venezuela, eso borrará cualquier herida que haya causado con sus políticas,” sostiene Poleo, mientras otros coinciden en que, aunque las decisiones actuales les han afectado, estarían agradecidos si el país es liberado.
En un contexto de tensión y expectativa, la comunidad venezolana en Doral se encuentra en un estado de alerta, observando los desarrollos en el Caribe y eligiendo cuidadosamente sus palabras. En un ambiente de incertidumbre, todos coinciden en una sola cosa: “Que pase lo que tenga que pasar, pero que sea rápido.”