El dramático relato de Brayan Palencia: migrante colombiano en busca de una vida mejor
Brayan Palencia, un colombiano que decidió migrar a Estados Unidos con el firme objetivo de mejorar la situación económica de su familia, ha compartido una experiencia desgarradora que desafía la noción de un «sueño americano». Al dejar Colombia, donde sus ingresos eran limitados, enfrentó una travesía peligrosa a través de la selva del Darién, a pesar de tener una rodilla lesionada.
Palencia se encontró en la necesidad de pagar sobornos a cárteles en México para continuar su camino. Sin embargo, lo que vivió posteriormente en el Centro de Confinamiento del Terrorismo (Cecot), en El Salvador, superó cualquier adversidad que había enfrentado hasta ese momento. Este recinto, construido por el presidente Nayib Bukele, ha sido objeto de críticas por las condiciones inhumanas que viven en él miles de prisioneros, muchos de los cuales son acusados, sin suficiente evidencia, de pertenecer a bandas criminales.
Experiencia en Estados Unidos y detención
Tras pasar aproximadamente un año en Estados Unidos, donde vivió en ciudades como Los Ángeles y Miami, Brayan trabajó arduamente en diversas ocupaciones, desde la reparación de vehículos hasta labores de construcción. A principios de este año, asistió a una cita en California con la esperanza de regularizar su estatus migratorio mediante un proceso de asilo. Sin embargo, la situación dio un giro inesperado cuando agentes de inmigración lo detuvieron sin previo aviso, alegando que tenía vínculos con la banda Tren de Aragua.
“Me llevaron a un sótano, donde había otros migrantes, y me permitieron hacer solo una llamada a mi familia”, recordó. Transferido a un centro de detención en Calexico, Palencia se dio cuenta de que el motivo de su encierro era su nacionalidad y sus tatuajes, que son frecuentemente malinterpretados como signos de pandillerismo según la American Civil Liberties Union.
Deportación a El Salvador
A comienzos de marzo, Brayan y otros detenidos recibieron la noticia de que serían deportados a Venezuela. Sin embargo, más tarde se enteraron que un acuerdo entre el presidente Trump y Nayib Bukele los enviaría a la megacárcel de El Salvador. Este acuerdo, respaldado por una ley antigua, les privó de una defensa judicial y colocó a muchos migrantes, como Palencia, en una situación legal incierta.
“Nos decían que íbamos a pasar el resto de nuestras vidas en la cárcel. Que nadie salía de ahí con vida”.
Las brutalidades del Cecot
Al llegar al Cecot, Palencia y otros prisioneros fueron despojados de su identidad. Les raparon la cabeza y se les asignó un uniforme blanco, mientras eran sometidos a un régimen de terror. “Las condiciones eran inhumanas. Nos despertaban a las 4 de la mañana y pasábamos el día en silencio. Si no cumplíamos con las órdenes, éramos castigados brutalmente”, expresó.
Brayan recuerda con angustia los intentos de protesta ante las injusticias vividas: “Hicimos una huelga de hambre y autolesionándonos, pero la respuesta fue violenta. Recibí golpes con bolillos y también sufrí el uso de gas pimienta”. Las condiciones de hacinamiento y violencia en el Cecot han sido objeto de denuncias por parte de organizaciones de derechos humanos, como Human Rights Watch.
La libertad y el regreso a Colombia
El 18 de julio, Brayan y otros prisioneros fueron liberados en un giro inesperado. Desplazados a un hotel cerca de Caracas, poco después de haber sido encarcelados, experimentaron una mezcla de alivio y horror, ya que regresaban a un país donde otros 200 migrantes habían sido enviados como parte de un tratado oscuro entre gobiernos.
Tras unos meses en Venezuela, Palencia regresó a Bogotá, donde se reunió con su familia. “Lloré de alegría al ver a mi hija”, contó con emoción. Sin embargo, su regreso no ha sido fácil. A pesar de estar libre, vive con secuelas físicas y emocionales, luchando por reintegrarse y mantener a su familia. “Me esfuerzo por trabajar como conductor de una plataforma de transporte, pero los problemas de salud y traumas persisten”, relató.
Aunque expresó su deseo de regresar a Estados Unidos si obtiene los documentos necesarios, dejó claro que no volvería a experimentar el horror de ser encarcelado nuevamente.