Colombia: Secuestros y la defensa del salario mínimo marcan la campaña de la derecha

Colombia: Secuestros y la defensa del salario mínimo marcan la campaña de la derecha

Secuestro de Aida Quilcué en Colombia: Un Reflexión sobre la Inseguridad

El secuestro de la senadora indígena Aida Quilcué en una carretera montañosa del suroeste colombiano ha puesto de manifiesto la precariedad de la seguridad en el país. Quilcué, acompañada por su equipo de seguridad, fue interceptada por un grupo de hombres armados que la mantuvieron desaparecida durante varias horas. Aunque finalmente aparece con vida, este incidente envía una clara señal: si una figura política puede ser objeto de un ataque así, ¿qué les espera a los ciudadanos que carecen de protección?

Contexto Electoral y Violencia

El secuestro de Quilcué se produce en un momento crítico, a menos de un mes de las elecciones legislativas del 8 de marzo y tres meses para la primera vuelta presidencial. Cabe destacar que no se trata de un caso aislado, ya que hace una semana, hombres armados atacaron el vehículo de los escoltas de otro senador, resultando en varios asesinatos durante la grabación del ataque. Este mismo clima de violencia ha llevado a acciones como el incendio de vallas publicitarias del candidato presidencial Juan Carlos Pinzón, marcando un ambiente adverso para la campaña.

Según la Misión de Observación Electoral, 170 de los 1,100 municipios del país presentan niveles de riesgo electoral, siendo 81 de ellos considerados de riesgo extremo. Las autoridades han reportado control armando del terrorismo, violencia selectiva contra líderes y una exclusión de muchas poblaciones del proceso democrático.

La Sensación de Inseguridad en la Población

La percepción de inseguridad ha ido más allá del conflicto armado, abarcando el robo, la extorsión y la desconfianza en el sistema. Según el analista Miguel Silva, «para un trabajador informal, perder un celular puede significar pasar de la pobreza a la miseria», lo que ha alimentado una «sed de orden» común en todos los estratos sociales colombianos. Esto ha generado un apoyo a candidatos que prometen un control inmediato y restricciones que muchos consideran necesarias.

En medio de esta situación, el último asesinato del senador y candidato presidencial Miguel Uribe Turbay añade una capa de temor, que afecta la manera en que se lleva a cabo el debate político. La derecha se presenta como fuerte defensora de la mano dura; mientras que la izquierda enfrenta el desgaste del gobierno de Gustavo Petro y una considerable división interna.

Las Consecuencias Judiciales y el Debate Económico

Más allá de la violencia, el reciente fallo del Consejo de Estado que suspende temporalmente el aumento del salario mínimo decretado por Petro ha desatado una nueva conversación. La decisión afecta directamente a aproximadamente dos millones de personas y ha centrado el debate nuevamente en la economía, haciéndolo un tema clave en esta campaña.

Curiosamente, esta medida ha logrado activar a la izquierda, que ha identificado a la derecha como su nuevo enemigo. Mientras tanto, muchos ciudadanos aún no tienen claro a quién votarán, lo que mantiene el clima electoral en constante evolución.

Las Consultas y el Futuro Político

El 8 de marzo se llevarán a cabo las elecciones para diputados y senadores, así como tres grandes consultas interpartidistas para definir a los candidatos presidenciales. Se espera que los nombres emergentes sean de diversas tendencias políticas, incluyendo figuras como Abelardo de la Espriella, Iván Cepeda y Sergio Fajardo.

La derecha parece tener un plan más estructurado, con Paloma Valencia como probable ganadora de su consulta, impulsada por el respaldo del expresidente Álvaro Uribe. Por el contrario, en el bando de la izquierda, la situación es más volátil debido a la reciente prohibición de participar en las primarias para Iván Cepeda, lo que ha intensificado la rivalidad interna.

La incertidumbre predomina en esta contienda electoral. Con un 11% de votantes indecisos, algunos analistas estiman que el número de votantes potencialmente volátiles podría alcanzar entre el 30% y el 40%. Esto significa que un cambio en el clima político, el surgimiento de una candidatura fuerte, o incluso actos de violencia, podrían reconducir las decisiones de los votantes en cualquier momento.

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